Así no va

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Hace unos años tuvimos la oportunidad de viajar a Rusia con toda la familia. Los que me conocen ya saben que cuando viajo a un nuevo país, me encanta conocer las historias divertidas de esa cultura, los “chistes” como decimos aquí, porque he aprendido que el sentido del humor de cada pueblo puede enseñarnos mucho más de lo que imaginamos. Después de varios días en Moscú, me contaron una historia: Dos amigos se encuentran y uno le dice al otro que no irá a trabajar porque no pudo dormir nada y se siente muy cansado: “Toda la noche durmiendo y despertándome con pesadillas horribles” le dijo. “¿Sobre qué?” Le preguntó su amigo, “Pues soñé que mi vida se acababa porque Dios me estaba ahogando en medio de una montaña de mantequilla”. De pronto su amigo le gritó: ”¡Tu eres tonto!” ¿No sabes que Dios no existe?. Y él le respondió: “¡Ya lo sé, y la mantequilla tampoco!, pero yo soñé eso…”.

Esa historia me hizo recordar algo muy sencillo: muchos creen en lo que quieren creer y eliminan de sus creencias lo que quieren eliminar. En la gran mayoría de las ocasiones, no nos preocupan las razones que tenemos para creer algo, sino simplemente lo que decidimos que queremos creer.

Puede que nos suene demasiado duro escuchar palabras como éstas, pero muchas veces nos lo tenemos bien merecido: “¡Seguid siendo estúpidos! ¿seguid siendo ciegos sin ver nada! ¡Seguid tambaleándoos como borrachos, aunque no hayáis tomado bebidas embriagadoras!” (Isaías 29:9 Versión popular). Es curioso que en la Biblia cuando se habla de aquellos que no creen en Dios, no se les llama ignorantes sino necios, porque esa es la mejor definición para aquel que no quiere creer.

Vivimos en una sociedad especializada en huir de ciertas situaciones y no querer buscar la solución profunda al problema del mal; un mundo al que le encanta darle la espalda a Dios y esconderse de Él, como si no lo necesitara. Las preguntas más importantes en cuanto al sentido de la vida simplemente se esconden, hasta el punto de que muchos dicen que no es sabio preguntarse por nada trascendental ¡Lo único importante es disfrutar de la vida sin más preocupaciones! Muchos viven en la versión actualizada del “Comamos y bebamos que mañana moriremos” ¡Y eso es todo!

Cuando muchos se preguntan la razón por la que cada vez más personas caen en el alcoholismo, en la adicción al juego, las drogas, el materialismo, la búsqueda desesperada del placer ¡Incluso en el suicidio! Deberían mirar en su interior si el estilo de vida sin sentido que llevamos no es uno de nuestros mayores peligros. Nos tambaleamos como si estuviéramos “fuera de nosotros mismos” porque pensamos que no necesitamos a Dios y, por lo tanto, jamás iremos a buscarle, desde luego.

Al final, cuando no creemos en Dios, somos capaces de creer en cualquier cosa; y eso es lo que está sucediendo en nuestro primer mundo. Las opciones “espirituales” son cada vez más peregrinas. Las ideas que hacían reír a nuestros padres son hoy las más admiradas. El mundo de lo oculto se ha apoderado de gran parte de la juventud, mientras no falta quien defiende que cualquier estupidez es más digna de confianza que el propio Creador. Así nos va.

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