Dando ejemplo

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En el horizonte se divisa luz.

Comienza la cuenta atrás: tres, dos uno…

Arremangada exhibe su brazo. Un brazo anciano, sin la agilidad que hace años poseía, pero con el suficiente valor para dejarse inocular la pócima mágica.

Ahí está ella dando ejemplo. ¡Bravo por ella! ¡Bravo por todos ellos!

Esta mañana en la radio emitían sus historias. Me emociono al oír esos relatos, casi todos envueltos en un halo nostálgico color sepia que lejos de parecerme manido son de incalculable valor.

Han sufrido penalidades, luchado en multitud batallas, conseguido subsistir en los hostiles tiempos de la posguerra y ahora, en el cenit de sus vidas, cuando parecía que todo lo malo pertenecía al pasado, tienen que soportar la cruel soledad que ha generado esta pandemia. Agazapados por la incertidumbre siguen siendo los más valientes, mostrando que a pesar de no saber cómo van a enfrentar este nuevo y desconcertante envite, son el modelo a seguir en causas que requieren compromiso y valor.

Mientras muchos se plantean si deben o no vacunarse contra la Ccovid-19, ellos ya tienen arremangadas las camisas. En el ayer ese gesto de subir mangas lo utilizaban para faenar, para elaborar el trabajo, ahora, con igual destreza pero con manos un tanto más lentas, recogen sus mangas y muestran la piel envejecida que doblegando miedos nos hacen ver que siguen siendo dignos de imitar. Este año concluso no ha sido un buen año, las escalofriantes cifras así lo demuestran.

Pero si tuviera que destacar algo positivo de este 2020; obviando el amor y a la misericordia de Dios, me quedo con el ejemplo de mis mayores, de los cercanos y los desconocidos, porque todos son míos y forman parte de nuestra común historia. Ellos nos han enseñado que son luchadores valientes. Obedientes y solidarios. Comprensivos y plagados de honestidad.

No ha sido fácil para ellos este período devastador, pero aun en la adversidad han sabido sacar sus armas y demostrarnos de que material están hechos.

Yo quiero aprender de ellos, instruirme en el humilde acto de vivir con la camisa arremangada, dispuesta a servir, a trabajar donde haya necesidad. Estar atenta a todo lo que ante mí se despliega y no tener recelo al compromiso.

Vivir pensando que mi paso por esta tierra es transitorio, fugaz y que antes de mi partida he de trabajar para dejar en las vidas de quienes me rodean un ejemplo a seguir, una indeleble huella que muestre que los valores en vía de extinción dejarán de ser efímeros si proyectamos nuestras vidas e intentamos avivarlos siguiendo el patrón de quienes nos precedieron y dejaron una estela a seguir.

Deseo que este nuevo año que ante nosotros se despereza venga cargado de esperanzadoras buenas nuevas y que ellos, nuestros padres, abuelos, puedan seguir disfrutando de un nuevo amanecer sin miedo.

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