¿Debería hablar de mi fe durante una entrevista de trabajo?

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Pregunta: Estoy buscando un nuevo trabajo, así que he participado en varias entrevistas. No estoy seguro de cuán directo debo ser acerca de mi fe. ¿La dejo fuera de la conversación a menos que el entrevistador la mencione? ¿La introduzco en la conversación, quizás haciendo referencia a mi iglesia o al trabajo de mi esposa (en una organización cristiana)? Quiero ser testigo de Cristo a todas las personas, incluyendo a mi entrevistador. Pero, tampoco quiero ser arrogante y también quiero conseguir un trabajo. ¿Qué debo hacer?


Felicito tu deseo de honrar a Dios y dar testimonio del evangelio de Cristo en toda circunstancia. Por favor, mantén esa disposición y permite que la misma sea regulada por la sabiduría.

Pensar cuidadosamente en cómo respondemos las preguntas no es transigir o capitular ante el miedo. El apóstol Pablo a veces se posicionó como un judío fiel que luchaba por la resurrección cuando estaba ante las autoridades romanas. En otros momentos se enfrentó a filósofos escépticos, utilizando la literatura de ellos para evangelizarlos.

De la misma manera, tus respuestas pueden depender de la compañía que te está entrevistando, las preguntas de tu entrevistador y de qué tan bien conoces (si es que la conoces) a esa persona.

Dos advertencias

Generalmente, el entrevistador está a cargo de la conversación. Por respeto a ellos, es aconsejable seguir sus instrucciones: responde las preguntas lo mejor que puedas y abunda cuando se te solicite. Si se te pregunta directamente sobre cuestiones de fe, puedes responder con sinceridad. Si la conversación se centra en lo que hiciste el fin de semana pasado, puedes mencionar el servicio de la iglesia al que asististe o el trabajo voluntario que hiciste.

Aquí hay dos advertencias:

Primero, si las preguntas sobre religión parecen directas u hostiles, tienes derecho a cuestionarlas ya que la ley prohíbe la discriminación religiosa.

En segundo lugar, no seas agresivo ni dogmático. Una de las grandes contribuciones del cristianismo al mundo es la libertad de conciencia y religión. Cristo nos invita a seguirlo voluntariamente (Lc 9:56-63). La generosidad y el sacrificio por el bien de los demás son voluntarios (2 Co 8-9). En un mundo pluralista, deseamos para los demás las libertades que queremos para nosotros mismos. Nuestra meta es la obediencia humilde, no ofender de manera arrogante.

Predicación indirecta

Es bueno que estés dispuesto a compartir tu fe con mansedumbre y respeto (1 P 3:15-16). Pero, si no se abre la oportunidad de dar un testimonio directo, esto no significa que no puedes ser un testigo de Cristo.

Si se te pregunta acerca de los principios rectores y de ética, o si se trata de una pregunta sobre la integridad, puedes llevar la verdad bíblica a la conversación sin convertirte en un sermoneador. Un coach cristiano que trabaja con ejecutivos ofreció estos consejos a los profesionales que buscaban ser fiel a Cristo en el lugar de trabajo:

  • Hazle saber al entrevistador que tus decisiones están guiadas por los valores eternos de la claridad, honestidad e integridad.
  • Comunica tu disposición de trabajar con personas de todas las culturas y estilos de vida en un entorno de respeto mutuo y misión común. Si se te presiona sobre la “tolerancia”, puedes decirle que existe una diferencia entre vivir en paz con diferentes puntos de vista y verse obligado a promover actitudes y acciones contrarias a la conciencia.
  • Si un entrevistador se “va por la tangente” y quiere saber más sobre tus creencias, solicita un escenario completamente distinto y haz la distinción entre una conversación personal y una profesional. No quieres ser acorralado y luego acusado de predicar o imponer tu religión.
  • Habrá momentos en los que deberás decir la verdad. Es de vital importancia que lo hagas con amabilidad y que invites al diálogo. También es importante recordar a los compañeros de trabajo que otras religiones también tienen absolutos morales, y no es provechoso destacar el cristianismo en una conversación general.
  • Aún si actuamos sabiamente, todavía hay una verdadera batalla espiritual. Toda nuestra comunicación debe estar impregnada de oración profunda y confianza en el Espíritu Santo.

Hace años, trabajé para una empresa de tecnología en Silicon Valley. Un día me invitaron a la oficina de un gerente para discutir algunas cuentas difíciles. Una vez que se hizo el negocio, el gerente comentó: “Escuché que eres un ministro y vas al seminario”.

Afirmé el rumor. El gerente continuó: “Crecí en la iglesia, pero la dejé en la universidad”. Cuando le pregunté por qué, el gerente respondió: “Estaba cansado de sentirme condenado mientras trataba de seguir todas las reglas”. Orando fervientemente, sentí una oportunidad. Le pregunté: “¿Puedo compartir contigo algunos pensamientos sobre el cristianismo? ¿Podemos considerar esto como una conversación personal?” Con su permiso, compartí una presentación de un minuto del evangelio de la gracia. La conversación terminó con el gerente comprometiéndose a considerar la invitación que Dios le hacía.

Toda nuestra comunicación debe estar impregnada de oración profunda y confianza en el Espíritu Santo

Si se te pregunta directamente si eres creyente, responde amablemente de manera afirmativa y pregunta si la persona desea dialogar fuera del trabajo. Mantente alerta a las trampas que intentarán retratarte como intolerante.

Por eso el apóstol Pablo nos dice que oremos sin cesar (1 Ts 5:17) y que busquemos la mente de Cristo a través de la confianza en el Espíritu Santo (1 Co 2:16). Mantente alerta a las oportunidades para compartir tu fe, mientras desconfías de las trampas. Con la ayuda de Dios, puede caminar con confianza y sabiduría.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.

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