El Líbano – Tráfico, fechas de caducidad y la obediencia a Cristo

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El Líbano – Tráfico, las fechas de caducidad de los alimentos y la obediencia a Cristo

¿Has conducido alguna vez en un país caótico con una mala gestión del tráfico? Conducir en el Líbano requiere un nuevo nivel de concentración y conciencia especial.

Cuando te sientas en el asiento del conductor en el Líbano, debes convertirte en una especie de superhéroe, como Daredevil o Spiderman.

Tus sentidos se agudizan y trabajan juntos. Tienes que predecir rápidamente los movimientos de quienes conducen a tu alrededor. Por ejemplo, cuando un semáforo está en verde, tienes que comprobar si alguien en el carril de la derecha junto a ti se adelantará para girar a la izquierda o si alguien en el carril de la izquierda junto a ti girará a la derecha.

En una intersección, también tendrás que comprobar si los coches de enfrente reconocen su luz roja o si los coches de la calle que cruza ignoran los semáforos y deciden que es su turno para girar. También hay que comprobar si hay un agente de tráfico parado en algún lado dando indicaciones a los coches que no respetan el semáforo.

En resumen, en el Líbano las leyes de circulación se tratan como una mera sugerencia.

No sólo las leyes de conducción en el Líbano son una insinuación. Debido a la realidad actual, las fechas de caducidad de los medicamentos y los alimentos también se han convertido en simples indicaciones.

Con una inflación que provoca precios absurdos, a lo que hay que añadir los frecuentes y severos confinamientos, las familias en el Líbano no piensan en tirar una caja de aspirinas caducadas.

Después de todo, ¿quién sabe cuándo se extinguirá la Aspirina en el Líbano? ¿Y qué pasa con los alimentos? Pues, ahora la regla es que, si algo tiene buen aspecto y huele bien, se puede ignorar su fecha de caducidad.

¡Simplemente hay que alejarse de los alimentos que huelen mal o de los que salen insectos!

Las terribles condiciones de vida en todo el Líbano se dejan sentir enormemente en la ciudad norteña de Trípoli, donde los manifestantes han vuelto a salir a la calle recientemente.

Algunos libaneses, como muchos que viven en Trípoli, ni siquiera tienen el ‘privilegio’ de comer alimentos caducados. Dependen del trabajo diario para proporcionar pan y comida a sus familias. La reciente cadena de confinamientos no ha ayudado a mejorar sus condiciones.

En octubre de 2019, las protestas eran fiestas de baile; hoy, son disturbios. Pero, al parecer, a la élite corrupta libanesa no le conmueven ni las fiestas de baile ni los disturbios ni los mártires.

Ya sea que estos gobernantes estén respaldados por sus ideologías, sus cuentas bancarias o sus seguidores que lucharían ciegamente por ellos, parecen empeñados en permanecer en sus posiciones para siempre.

¿Pero se quedarán para siempre? La historia nos enseña que los mejores gobernantes acaban cayendo. ¿Y ahora qué? Hasta que los gobernantes cambien y el sistema corrupto de leyes laxas deje de hacer sufrir a la gente, ¿qué puede hacer la Iglesia en el Líbano y en otros lugares?

1. ¡Siempre me han animado las iglesias que oran y no se rinden! Saben dónde está su fe, y saben a quién buscar. Los altos muros de Jericó cayeron por la alabanza. Algunos creen que el muro de Berlín se derrumbó por la oración.

Sí, debemos orar por los líderes actuales (1 Timoteo 2:1-4), pero también necesitamos orar por nuevos líderes caritativos, leyes sensibles y transiciones piadosas.

Podemos aprender de la historia reciente de nuestros países vecinos y de la historia menos reciente de otros para no caer en la misma trampa en la que el fin de los regímenes corruptos va seguido de años de decadencia para el país y su pueblo.

No es bueno que una Atalía sustituya a un Ocozías (2 Crónicas 22). Oremos por un Ezequías después de un Acaz (2 Reyes 16, 18), un Josías después de un Amón (2 Reyes 21, 22).

Pero recordemos también que ya sea Atalía, Acaz, Ezequías o Josías, nuestra lealtad y obediencia es para Cristo. Sólo Él cumplió perfectamente la voluntad del Padre.

2. Para aquellos cristianos que están luchando en estos tiempos y a punto de rendirse, podemos aprender de lo que Pablo experimentó y escribió en Filipenses 4.

Ya sea que estemos bien alimentados o hambrientos, que vivamos en la abundancia o en la carencia”, todo lo podemos hacer por medio de Cristo que nos fortalece.

Podemos vivir en un país como el Líbano, con una economía que se desmorona, o en un país floreciente y próspero. En ambos casos, podemos disfrutar de los dones de Dios y servirle con lo que está a nuestro alcance. Así que celebremos sus bendiciones y compartamos la esperanza que tenemos.

3. ¿Ponemos nuestra fe en el gobierno y esperamos que la Iglesia sea para los marginados? Por supuesto que tenemos que pedir cuentas al gobierno, pero nada puede sustituir a la Iglesia en cuanto a amar a las personas, sirviéndolas y atendiendo sus necesidades espirituales y físicas.

Somos testigos de muchas historias como ésta. En el capítulo 10 de Hechos de los Apóstoles, Pedro nos recuerda que Dios ungió a Jesús con el Espíritu Santo y el poder, y que Jesús fue haciendo el bien y sanando a todos los que estaban bajo el dominio del diablo.

Hoy, como cuerpo de Cristo, tenemos que andar ocupándonos en hacer el bien y sanando a todos los que están bajo la potestad del demonio. El mismo Espíritu Santo obra hoy a través de nosotros.

4. Oremos por las oportunidades de trabajo que se necesitan desesperadamente. La penuria es abrumadora. La pandemia y los problemas económicos están entrelazados y complican las soluciones. Oremos por la sabiduría de aquellos que están trabajando para proporcionar las medidas adecuadas.

Hasta que Cristo vuelva, bendecidas sean las iglesias que salen de su zona de confort y sirven a su comunidad sin esperar nada a cambio. Bienaventurados los que se asemejan a Cristo en sus donaciones y sacrificios, y que no se ven obstaculizados por los que se aprovechan de su bondad. Benditas sean las dos monedas de la viuda.


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