El Papa Francisco viajará de nuevo en 2021 con Irak como primer destino.

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Fue uno de los hogares de los cristianos en Oriente Próximo pero el éxodo, alimentado por el terror yihadista y la persecución, ha diezmado su presencia hasta la casi extinción. El Papa Francisco reanudará el próximo año su agenda internacional, interrumpida por la propagación del Covid-19, con un viaje cargado de simbolismo. El Pontífice visitará durante tres días Irak, convirtiéndose en el primer Obispo de Roma en pisar la tierra donde una menguante minoría cristiana trata de mantener sus raíces.

«El Papa Francisco, aceptando la invitación cursada por la República de Irak y la Iglesia Católica local, realizará un viaje apostólico a este país del 5 al 8 de marzo de 2021», ha anunciado este lunes el portavoz vaticano, Matteo Bruni. La visita al país árabe ha sido una vieja aspiración del argentino, quien ya el año pasado expresó su intención de reunirse con la castigada comunidad cristiana de Irak.

«Pienso constantemente en Irak, donde quiero ir el próximo año con la esperanza de que pueda enfrentar el futuro a través de la búsqueda pacífica y compartida del bien común por parte de todos los elementos de la sociedad, incluido los religiosos, y sin caer en las hostilidades provocadas por los conflictos de los poderes regionales», declaró durante una audiencia con representantes de las iglesias orientales.

Francisco volvió a abordar el periplo el pasado enero cuando recibió en el Vaticano al kurdo Barham Salih, presidente de Irak. La preocupación por la seguridad, con las células durmientes del IS (Estado Islámico, por sus siglas en inglés) aún amenazando la estabilidad del país, y más tarde la irrupción en escena de la pandemia postergaron el viaje. Francisco, que cumplirá 84 años el próximo 17 de diciembre, protagonizó su último viaje internacional en noviembre de 2019, con paradas en Tailandia y Japón.

El Pontífice, que ha tratado de relanzar el incierto diálogo con el islam con visitas históricas a Egipto y Emiratos Árabes Unidos, pasará por Bagdad, donde resiste una cada vez más pequeña comunidad cristiana; Erbil, la capital de la región autónoma del Kurdistán en la que en la última década han buscado refugio decenas de miles de feligreses; Mosul, el otrora feudo del extinto califato que asistió en 2014 a la salida de los últimos cristianos y a la destrucción de su patrimonio; y varias localizaciones de la contigua llanura de Nínive como el pueblo de Qaraqosh, que trata de recuperar su población tras el ocaso de los yihadistas.

Francisco también acudirá a la antigua ciudad de Ur, a unos 16 kilómetros de la actual urbe de Nasiriya, en el sur del país. El enclave, una ciudad-Estado de Mesopotamia, es considerado el lugar de nacimiento del patriarca Abraham, venerado por judíos, cristianos y musulmanes. Ur es mencionado hasta en cuatro ocasiones en el Antiguo Testamento. «El programa de la visita será dado a conocer a su debido tiempo y tendrá en cuenta la evolución de la emergencia sanitaria a nivel mundial», han precisado desde el Vaticano.

Bagdad, inmersa en una grave crisis política y económica, ha recibido con esperanza el próximo periplo papal. «Esta visita histórica a Mesopotamia, la tierra de apóstoles y santos, y la patria de nuestro maestro Abraham, padre de profetas, será un mensaje elocuente para apoyar a los iraquíes de toda condición y afirmar la unidad de la humanidad en su aspiración de paz, tolerancia y lucha contra el extremismo», ha manifestado el presidente iraquí en un tuit.

Con su llegada a una tierra desangrada por la violencia, Francisco consumará otro hito que ya intentó Juan Pablo II. En 1999 trató de visitar Ur en una peregrinación que también incluía escalas en Egipto e Israel pero las negociaciones con el entonces dictador Sadam Husein terminaron frustrando los planes.

Como ya hiciera en Egipto, Francisco ofrecerá consuelo y resiliencia a una comunidad compuesta por iglesias de diversos ritos católico y ortodoxo. La otrora vibrante minoría cristiana de Irak ha ido abrazando el exilio desde la invasión estadounidense de Irak en 2003. Un informe elaborado a instancias de la diplomacia británica y publicado el pasado año alertó de que la presencia cristiana «se está desvaneciendo». «En Irak los cristianos se han desplomado desde el millón y medio antes de 2003 a los 120.000 de hoy. Están en riesgo de desaparecer, lo que supondría un enorme revés para la pluralidad de la región», advertía el documento.

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