Israel alcanza un “nivel de inestabilidad sin precedentes” con sus cuartas elecciones en dos años

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Los presupuestos han sido la ocasión para precipitar el fin del débil y efímero gobierno de coalición entre las dos formaciones mayoritarias de Israel, el Likud, del primer ministro Benjamin Netanyahu, y Azul y Blanco, del viceprimer ministro y ministro de Defensa Benny Gantz. La falta de consenso parlamentario para aprobar unas cuentas ha provocado que el acuerdo de mayo, con el que se formó el ejecutivo actual, quede en una anécdota política y se convoquen nuevas elecciones para el 23 de marzo. Las cuartas en los dos últimos años.

Los líderes de ambas formaciones se han culpado mutuamente. Desde Azul y Blanco han afirmado que “con 800.000 desempleados, en plena pandemia y pese a que se comprometió a ello, [Netanyahu] no aprobó el presupuesto de 2021 debido a su problemas judiciales, y su único objetivo es mantenerse en el poder”. El primer ministro en funciones, por su parte, ha recriminado a su hasta ahora socio de gobierno el hecho de “pensar solo en la rotación”, ya que según el acuerdo Gantz asumiría el cargo de primer ministro en noviembre de 2021, y le ha acusado de “hacer oposición desde dentro y arrastrar a Israel a unas nuevas elecciones”.

Según explica Gerald Steinberg, profesor de ciencias políticas de la Universidad Bar Ilan, “la coalición de unidad, creada después de tres elecciones que acabaron sin un claro vencedor, nunca ha sido estable”. “Mientras se acercaba la fecha acordada para que Netanyahu cediese el lugar de primer ministro a Gantz, estaba claro que el gobierno colapsaría. La cuestión presupuestaria ha sido la excusa, no la causa”, añade.

“El sistema democrático de Israel siempre ha sido bullicioso y un poco volátil, con gobiernos de coalición que casi nunca han durado su legislatura completa de cuatro años” recuerda el secretario general de la Alianza Evangélica de Israel, Harry Tees. “Pero este nivel de inestabilidad no tiene precedentes”, remarca.

Un referéndum sobre el liderazgo de Netanyahu

Expertos y representantes de la sociedad civil coinciden en el carácter especialmente plebiscitario de los nuevos comicios convocados. “El pueblo está cansado, agotado, agobiado, despistado, sin presupuestos en la crisis del coronavirus y harto de tantas elecciones que no son ideológicas, sino sobre la cuestión ‘Netanyahu sí’ o ‘Netanyahu no’”, apunta el profesor del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Arie Kacowicz.

De hecho, la última encuesta sobre intención de voto de la televisión Keshet 12, muestra una variación significativa en dirección al referéndum sobre la figura del primer ministro. Mientras que el hasta ahora socio de gobierno y principal competidor de Netanyahu, Benny Gantz, se desplomaría hasta quedar con solo cinco diputados, se espera que la disputa por el control del gobierno provenga de la misma derecha, y en especial por parte del ex-diputado del Likud Gideon Sa’ar y su partido Nueva Esperanza que, según Steinberg, “puede debilitar significativamente a Netanyahu”.

Sa’ar, a quien las encuestas dan el segundo lugar con 19 escaños, nueve menos que a Netanyahu, tendría la capacidad de aglutinar el apoyo de las formaciones ultraortodoxas Shas y Judaísmo Unido por la Torá, que representarían un total de 16 diputados y con quienes Gantz no ha podido pactar en ninguna de las elecciones anteriores por su posición de centroizquierda laicista. “Si Gideon Sa’ar viene a nosotros con 45 diputados y podemos completar un gobierno, en oposición a Netanyahu si viene con diez escaños, entonces está claro lo que va a pasar”, ha señalado el diputados de Judaísmo Unido por la Torá, Isaac Pindrus, en referencia a un posible apoyo de su formación y de Shas a la candidatura que le disputa el poder a Netanyahu.

El líder de Nueva Esperanza también podría sumar los apoyos de otras formaciones como Yesh Atid, del actual líder de la oposición, Yair Lapid, o de Israel Beitenu, de Avigdor Lieberman, a las que otorgan una previsión de cerca de 25 asientos en la Knéset (el parlamento) entre las dos. “Israel está polarizado no entre Netanyahu y Gantz, sino entre Netanyahu y su coalición de socios de derechas. A diferencia de las elecciones previas, el centroizquierda no es ni siquiera un contrincante. Hay una ventaja en este nuevo desarrollo ya que, por primera vez, puede haber un contrincante para Netanyahu desde dentro de sus propias filas. No es tanto una división sobre ideologías políticas, sino un referéndum entre la derecha sobre el liderazgo de Netanyahu”, señala Tees.

Ocupando el cargo de primer ministro de forma ininterrumpida desde 2009, además de los tres años en los que lo ejerció previamente entre 1996 y 1999, la presión sobre Netanyahu no ha dejado de crecer durante el último año, a pesar del gobierno de coalición. Su procesamiento judicial por fraude y soborno en noviembre de 2019 desató un movimiento de protestas que, junto con los efectos de la crisis de la pandemia, sigue movilizando a cientos de personas que piden la dimisión de Netanyahu. “La popularidad del primer ministro ha caído de forma precipitada a causa de los escándalos de corrupción en los que está implicado”, dice Tees. “Mientras las investigaciones siguen su curso, [Netanyahu] todavía no ha sido condenado, y su reputación empañada no ha disminuido lo suficiente su popularidad como para permitir que otros partidos formen una coalición que pueda desbancarlo. Cada ciclo electoral ha producido un estancamiento en la indecisión y coaliciones que rápidamente se desmoronan”, añade.

Ya en la carrera electoral para estos cuartos comicios, apunta Kacowicz, “quizá haya una mayoría de diputados que estén en contra de Netanyahu, desde la izquierda hasta la derecha, por lo que esta vez confronta un desafío electoral grande”.

Elecciones en plena fase de vacunación

Con un desempleo del 4,7% al cerrar el año, más de un punto superior al del primer trimestre del mismo 2020, según el Banco de Israel, se espera que los comicios también reflejen la crisis económica y social provocada por la pandemia. “Sin un liderazgo claro, la situación socioeconómica se deteriora de forma gradual. No se están iniciando proyectos a largo plazo en infraestructuras, y las reformas necesarias en áreas como la educación y la sanidad están congeladas. Israel está saliendo adelante, pero los costes están aumentando”, manifiesta Steinberg. También está la cuestión de la política internacional y de si los resultados afectarán a los últimos acuerdos alcanzados con países como Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Sudán y Marruecos. “Estos acuerdos están apoyados por un consenso nacional”, recuerda Steinberg.

Las próximas elecciones se producirán en plena fase de vacunación y con muchas de las restricciones por causa de la epidemia de la Covid-19 todavía vigentes para los israelíes. Una de las novedades, por ejemplo, será la instalación de urnas especiales para que los contagiados de coronavirus puedan votar desde sus coches.

Según la plataforma ‘Our World in Data’, Israel es el país que más vacunas ha administrado hasta ahora, con cerca de un 9% de la población vacunada, mientras que en Reino Unido y Estados Unidos apenas han alcanzado el 1%. “Israel fue uno de los primeros países en obtener la vacuna y ahora lidera la ratio de vacunación en el mundo. Será el primer país en conseguir la inmunidad colectiva y en regresar a una normalidad similar a la de antes en unos pocos meses”, dice el secretario general de la Alianza Evangélica de Israel, Harry Tees.

Evangélicos israelíes, entre la crisis del coronavirus y la división política

Como en tantos otros países, la pandemia ha afectado a las rutinas de muchas iglesias y comunidades evangélicas en Israel. “Las iglesias se han tenido que adaptar, con encuentros virtuales y haciendo todo lo posible para permanecer relevantes y activas”, subraya Tees, que considera que la gestión por parte de las congregaciones ha resultado “parcialmente exitosa”, aunque reconoce que “la lucha es un reto para la viabilidad a largo plazo” de las iglesias.

La enésima crisis política tampoco pasa inadvertida para los evangélicos en el país, remarca Danny Kopp, también responsable de la Alianza Evangélica de Israel. “Las iglesias están muy divididas a nivel político. Los evangélicos árabes, en su mayoría, votan por la Lista Árabe Unida, que representa una amplio espectro de voces, desde islamistas hasta nacionalistas árabes y socialistas de izquierdas. Aunque hay una minoría considerable de evangélicos árabes que votan por partidos judíos. Los judíos mesiánicos también están divididos, pero tienden a inclinarse más hacia los partidos de derechas y nacionalistas. Los evangélicos están [representados] en todo el mapa político”, remarca.

Unas divisiones por las que piden oración desde la Alianza Evangélica de Israel. “Las comunidades tienen identidades y preocupaciones muy distintas. Aunque esto permite a menudo una rica mezcla de culturas y una ‘polinización cruzada’ de ideas, también lleva al conflicto y a la incapacidad de apreciar las contribuciones de los otros. Tristemente, los seguidores de Jesús en esta tierra no son diferentes en cuanto a reflejar esas divisiones”, lamentan. Por eso, dicen, su mayor oración es por “un cuerpo de Cristo que verdaderamente aprenda a ‘amar a su prójimo como a sí mismo’”.

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