Los grandes documentos de Lutero de 1520, a 500 años (5): La libertad cristiana

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En su primera carta al Papa (1518), Lutero se arrojaba a sus pies, en la segunda (1519) se dirigía a él como su humilde servidor, pero sin retractarse; en la tercera carta (1520), se dirigía a él como un igual y le compadecía como a un pobre Daniel en el foso de los leones. Hacía la demoledora observación de que al Papa se le llamaba vicario de Cristo en razón de que había vicario porque alguien estaba ausente, y era Cristo quien estaba ausente de Roma. [1]

James Atkinson

Con este magnífico resumen, el erudito británico James Atkinson concluyó la exposición de los grandes documentos reformistas de 1520 publicados por Martín Lutero poco antes de ser excomulgado por la iglesia católica. En este caso, se trataba del tratado De libertate christiana (La libertad cristiana o La libertad del cristiano, en alemán y en latín, con algunas variaciones en ambas versiones), escrito en 12 días y dado a conocer en noviembre de ese año por insistencia del representante pontificio Karl von Miltitz, quien intentó mediar en el conflicto y lo convenció de escribir nuevamente al papa León X. La bula anunciadora de la excomunión fue firmada el 15 de junio y llegó a manos de Lutero el 10 de octubre. En palabras de Atkinson, quien además tiene entre sus títulos otras obras sobre el reformador alemán (Luther: Early theological works, 1962; Luther’s works: The Christian in society. I, 1966; Daily readings with Martin Luther, 1987), se trataba de “un resumen popular de la fe cristiana”. Era, en realidad, una auténtica bomba de tiempo que vino a cerrar el círculo de la disidencia teológica que ya no daría marcha atrás y cambiaría para siempre el rostro de la cristiandad como era conocida hasta ese momento.

La carta de Lutero, según refiere el teólogo luterano brasileño Vitor Westhelle (1952-2018), “fue ciertamente conciliadora, pero sólo en tanto que Lutero refleja la función papal como rehén de una iglesia cautiva y corrupta. […] El tono de su carta refleja que Lutero se pone en una condición de igualdad al Papa, como si fuese su consejero o confesor. La actitud de Lutero, aunque gentil, no esconde sus cuestionamientos”. La cita directa de una parte significativa de la misiva es elocuente:

…tú, León, estás como un cordero entre los lobos, como Daniel en medio de los leones, y como Ezequiel vives entre escorpiones. ¿Qué puedes oponer tú solo a esos monstruos? Aunque agregues a ti tres o cuatro cardenales, eruditísimos y óptimos, ¿qué significarían éstos entre tantos? Todos tendríais que perecer con veneno antes que pudieseis anticiparos dictando un decreto para remediar la situación. No hay esperanza para la curia romana. La ira de Dios la sobrevino hasta el fin. Odia los concilios, teme ser reformada, no puede mitigar el furor de su impiedad, y cumple con el epitafio de su madre, de la cual se dice: “Curamos a Babilonia, y no ha sanado; dejémosla” (Jeremías 51.9).

#A1c#[photo_footer]Libro de Mario Miegge.[/photo_footer]

Después de las 95 Tesis, este tratado marcó el que es, quizá, el momento más alto de la primera gran etapa de Lutero como reformador, aun cuando algunos analistas subrayan la importancia de los documentos expuestos en Heidelberg y Leipzig, en 1518 y 1519, respectivamente. Su relevancia puede explicarse por razones de estilo, de claridad teológica y de sensibilidad popular, todo ello conjuntado armoniosa y coyunturalmente para producir el manifiesto que representaría, casi de manera única, el espíritu de la Reforma, especialmente porque se dio a conocer apenas unas semanas antes de confirmarse la excomunión de Lutero.

El historiador francés Jean Delumeau (1923-13 de enero de 2020, autor de obras importantes como Nacimiento y afirmación de la Reforma, 1965) se refirió al documento como “la obra más bella del Reformador” y destacó sus elementos principales en los términos de la religiosidad individual: “El alma, iluminada por la gracia, tiene la certidumbre de hallarse liberada de todo lo que no sea Dios, pese a lo que pueda acaecer al ‘hombre exterior’. Dios se ha convertido en la fortaleza del alma”. Siguiendo esta valoración estética, Humberto Martínez dejó muy en claro las características y el enfoque de este documento sin par: “Dejando de lado el ataque frontal expone la doctrina de la justificación por la fe y el papel que le corresponde a las obras. Ahí se encuentran pasajes cuya influencia mística es innegable: la unión con Dios, la conversión y renovación moral que todo cristiano consigue al transformarse en un nuevo hombre, abandonando al viejo y liberándose de todas las ataduras del pecado”.

5f76f30f023c4 Jean DelumeauCitando las primeras palabras del documento, derivación directa de las palabras paulinas de I Corintios 9.19 (“Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número”, Reina-Valera revisión de 1960), muy citadas y recordadas, el teólogo valdense italiano Mario Miegge (1932-2014), afirmó que, con La libertad…, Lutero

puso […] en 30 breves e incisivos párrafos, la base teórica de una disciplina, de una nueva moral: la ética protestante. El discurso de Lutero procede, una vez más, a través de conceptos en fuerte oposición.

A fin de que conozcamos a fondo lo que es el cristiano y sepamos en qué consiste la libertad que para él adquirió Cristo y de la cual le ha hecho donación […] quisiera asentar estas dos afirmaciones:

El cristiano es libre señor de todas las cosas, y no está sujeto a nadie. / El cristiano es servidor de todas las cosas y está supeditado a todos.

El cristiano tiene una doble naturaleza: es un hombre interior, espiritual y nuevo; y es un hombre exterior, corpóreo y de edad. Ninguna cosa externa puede hacer que el hombre interior sea libre y piadoso: “De nada sirve al alma, asimismo, si el cuerpo se recubre de vestiduras sagradas, como hacen los sacerdotes y demás religiosos, ni tampoco si permanece en iglesias y otros lugares santificados, ni si sólo se ocupa en cosas sagradas […]”. Lo que hace del hombre interior libre y piadoso es únicamente el santo evangelio, la palabra de Dios predicada por Cristo. Pero ¿qué quiere decir esto?

Tú sientes que tu Dios dijo que toda la vida y la obra no son nada delante de Dios, de hecho, deberías, con todo aquello que hay en ti, ir a la perdición eterna. […] Mas para que te sea posible salir de ti mismo, esto es, de tu perdición, Dios te presenta a su amadísimo Hijo Jesucristo, y con su palabra viva y consoladora, te dice: Entrégate a él con fe inquebrantable, confía en él sin desmayar.

#A2c#[photo_footer]Hans Iwand con Karl Barth.[/photo_footer]

Dos autores más merecen ser citados por la calidad de su análisis del opúsculo. Primeramente, Hans J. Iwand (1899-1960), notable exegeta alemán del pensamiento luterano, quien afirma desde una perspectiva general acerca del tema:

Cuando Lutero habla de la libertad del ser humano cristiano, habla de ello como testimonio del acto liberador del Dios trino. Él no quiere saber nada de una libertad congénita del ser humano, antes bien, cuando habla de ello, habla —para gran disgusto de los humanistas de entonces— de una voluntad no-libre (unfreier Wille). Para Lutero, libertad es gracia y no naturaleza. El que nosotros la hayamos perdido no radica en circunstancias externas, sino que radica en que nosotros hemos perdido a Dios, al Dios que en Jesucristo ha probado su victoria sobre el pecado y sobre la muerte (cf. I Co 15.56s). […] Según la opinión de los reformadores […], sólo puede ser libre el ser humano justo. En tanto es injusto, en tanto no está vestido, revestido, en posesión de la justicia divina, él no puede ser libre.

El último autor que se citará aquí es el Dr. Martin Hoffmann, profesor actualmente en la Universidad Bíblica Latinoamericana, quien en un volumen cuyo objetivo es ser utilizado como un cuaderno de trabajo comunitario, señala:

Para Lutero, el hecho de que la fe se demuestre en el comportamiento correspondiente se sustenta en el ser mismo de la fe. La verdadera fe no puede existir sin obras. En la fe se experimenta el amor de Dios como fuerza transformadora y renovadora, y ésta se muestra luego en las obras y en el comportamiento. La famosa imagen de Lutero del árbol y los frutos lo explica claramente: “Las obras buenas y justas jamás hacen al hombre bueno y justo, sino que el hombre bueno y justo realiza obras buenas y justas”. […] Se desprende de esto que la persona habrá de ser ya buena y justa antes de realizar buenas obras, o sea, que dichas obras emanan de la persona justa y buena, como dice Cristo: “El árbol malo no lleva buenos frutos; el árbol bueno no da frutos malos”. Ahora bien, está claro que ni los frutos llevan al árbol ni se producen los árboles en los frutos, sino que por el contrario los árboles llevan los frutos y los frutos crecen en los árboles.

5f76f35521c81 Libro de Juan Benet 1991El día que entró en vigor la excomunión, el 10 de diciembre de 1520, Lutero cometió un acto central para su labor reformadora: “…con voz temblorosa y casi inaudible pronunció la sentencia de herejía contra la iglesia pontificia que había caído en la falsedad”. Basándose en el Salmo 21.11, quemó el Derecho canónico, algunos libros escolásticos y, como de paso, la bula de amenaza de excomunión. Esa fecha “marcó el ‘giro copernicano’ de la historia del cristianismo de Occidente”. La gran trilogía de textos reformadores sería una inmensa semilla que germinaría progresivamente en los diversos campos a los que llegaría para expandir con sus frutos la posibilidad latente de una iglesia nueva, siempre conflictiva y contradictoria, pero más libre y dispuesta, en teoría, a someterse al impulso renovador de su Señor.

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Como corolario de esta serie no se pueden dejar de mencionar dos obras fundamentales, y muy diferentes en su concepción, para la comprensión de la vida y obra de Lutero. Una, la biografía clásica de Lucien Febvre, Martín Lutero, un destino, publicada originalmente en francés en 1927 y en español en 1956 (México, Fondo de Cultura Económica, Breviarios, 113, traducción del notable poeta hispano-mexicano Tomás Segovia, 1927-2011). Reimpresa varias veces, sigue vigente como una visión completa y mesurada de la gran figura del reformador, además de que la maestría del autor ubica sólidamente al personaje en el contexto histórico y sondea profundamente en su pensamiento. Puede descargarse aquí.

La segunda obra, infaltable en toda buena biblioteca evangélica, es la última novela del español Juan Benet (1927-1993), El caballero de Sajonia, publicada en 1991 y escrita originalmente por encargo, aunque ya sobre la marcha el proyecto se transformó en un trabajo independiente, tal como se explica en las primeras páginas. El autor, desde su ateísmo bien sabido, se acercó a Lutero con una claridad histórica impecable y con una extraordinaria capacidad para subsumirse en la conciencia del reformador. La fantasía y la imaginación de la que hace gala Benet consiguen retratar al reformador desde sus más hondos pensamientos, vacilaciones y visiones, para que, con un estilo sumamente realista, llegue hasta este tiempo con una frescura y una diafanidad incuestionables. El ficticio diálogo de Lutero con el demonio funciona de manera excelente para exponer las ideas reformistas.

Notas

[1] J. Atkinson, Lutero y el nacimiento del protestantismo. Madrid, Alianza Editorial, 1971 (El libro de bolsillo, 315), pp. 218-219.

[2] Texto en latín en Google Books. Texto en alemán.

[3] J. Atkinson, op. cit., p. 217.

[4] V. Westhelle, “Introducción” a La libertad cristiana, en Giacomo Cassese y Eliseo Pérez, eds., Lutero al habla. Antología. México, varias instituciones, 2005, p. 136.

[5] M. Lutero, “Carta al papa León X”, en Lutero al habla…, pp. 141-142.

[6] Cf. Daniel C. Beros, “La disputación de Heidelberg y su theologia crucis. Elementos de una gramática fundamental de la teología evangélica”, en Cuadernos de Teología, ISEDET, vol. XXIX, 2010, pp.1-13; y Francisco Illescas, “La disputa de Leipzig, momento culminante en el rompimiento de Martín Lutero con la iglesia romana (1517-1521)”, en En-Claves del Pensamiento,año IV, núm. 7, junio 2010, pp. 11-31. Ambos textos están recogidos en L. Cervantes-O., ed., Antología de Martín Lutero. Legado y trascendencia. Una visión antológica.Barcelona, CLIE, 2019, pp. 279-302 y 254-277, respectivamente.

[7] J. Delumeau, El caso Lutero. Barcelona, Luis de Caralt, 1988, p. 16. Énfasis agregado.

[8] H. Martínez, pról., sel. y notas, Martín Lutero, Escritos reformistas de 1520. México, Secretaría de Educación Pública, 1988 (Cien del mundo), p. 24.

[9] H. Martínez, op. cit., p. 234. Énfasis original.

[10] Ibid., p. 235.

[11] M. Miegge, Martín Lutero. La Reforma Protestante y el nacimiento de la sociedad moderna. Barcelona, CLIE, 2016 (Biografía e historia), p. 49. H. Martínez, op. cit., p. 236.

[12] H.J. Iwand, “Sobre la libertad cristiana”, en Justicia de la fe. Estudios sobre la teología de Martín Lutero y de la Reforma evangélica del siglo XVI. Daniel C. Beros, trad. y ed. Buenos Aires, La Aurora, 2015, pp. 168-169. Énfasis agregado. Cf. Luis Farré, “La libertad cristiana”, en Varios autores, Lutero ayer y hoy. Buenos Aires, La Aurora, 1984, pp. 79-101 y Walter Altmann, “Liberdade evangélica”, enLutero e libertação. Releitura de Lutero em perspectiva latino-americana. São Paulo, Editora Ática-Editora Sinodal, 1994, pp. 285-286.

[13] M. Hoffmann, La locura de la cruz. La teología de Martín Lutero. Textos originales e interpretaciones. San José, Departamento Ecuménico de Investigaciones, 2014, pp. 103-104.

[14] Thomas Kaufmann, Martín Lutero: vida, mundo, palabra. Madrid, Trotta, 2017, p. 54. H. Martínez, op. cit., p. 249.

[15] Ídem.

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