Mi amigo Pedro

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Se nos dice que literatura es el conjunto de producciones literarias. Lo que la diferencia del arte es tener como materia prima el lenguaje, la palabra. Ese conjunto está compuesto de varios y distintos géneros: el ensayo, la novela, la poesía, el teatro, el artículo. También los tres que voy a utilizar en este trabajo: la autobiografía, la biografía, la historia.

Escribo centenares de artículos literarios en español y en inglés a lo largo de los 365 días que tiene el año. Me sería fácil esmerarme en otro trabajo del mismo género para este libro. Pero no. No lo hago. Pidiendo disculpas al lector, estas páginas girarán en torno a mí (autobiografía), en torno a Pedro (biografía) y en torno a hechos que los dos vivimos (historia).

Empiezo por descontar los muchos años vividos desde entonces, ando de espaldas al tiempo, caminando hacia atrás y dejando que mi mente vuele a las nubes del recuerdo.

Marzo de 1951. Santa Cruz de Tenerife. En Marruecos, donde había nacido y donde vivía, me inscribí voluntariamente al servicio militar de España. Con pocos meses de convertido creía que allí tendría oportunidad para hablar del Evangelio a decenas, a centenares de hombres de mi misma edad.

Primer domingo que me autorizan salir del cuartel. Me dirijo a la dirección de un domicilio que yo guardaba celosamente. Quien me la dio dijo que en aquella casa celebraban cultos evangélicos. Era verdad. Golpeé la puerta, me invitaron a pasar. La reunión estaba comenzando. La dirigía Genaro March, ya en tierras celestiales. Me presentó sin conocerme, dijo al resto del grupo: “Este muchacho acaba de llegar de Marruecos. Estará con nosotros año y medio. Parece buen chico”. Sin levantarse de su asiento, uno de los presentes, entre 30 y 35 años, luego supe que se llamaba Moisés, dijo: “El otro tenía al principio la misma cara de tonto que tiene éste y sabemos cómo resultó”.

Fui yo quien se puso de pie. Dije que me sentía ofendido y que allí sólo buscaba la Iglesia y la fraternidad de los hermanos.

Concluida la reunión, una mujer joven me acompañó hasta la calle y con amabilidad me explicó el origen del percance. “El otro”, al que se refirió Moisés, era un soldado de Madrid, hijo del obispo episcopal Santos Molina. Al parecer, el tiempo que estuvo entre ellos no había dado el mejor de los testimonios. Insistió en que no tomara a mal las palabras de Moisés. Era buen hombre. Aquella mujer se llamaba Matilde Tarquis, tía del Pedro de este artículo.

Matilde y su hermana Julia fueron para mí dos ángeles el tiempo que permanecí en el cuartel y al año después, cuando regresé a Tenerife para sustituir a Emiliano Acosta como pastor de dos iglesias, una en Santa Cruz y otra en la Orotava.

Pasan los años. Ahora vivo en Madrid. Regreso a Santa Cruz para una serie de conferencias en la Iglesia. Matilde me entrega un paquete para un hermano suyo, Pedro, que reside en la capital de España. Cumplo el encargo. Me dirijo a la dirección indicada. Me abren la puerta, entro y entrego el paquete. En aquella casa veo a un niño muy delgado, aún en pantalón corto; es Pedro Tarquis, va para médico, me dicen.

Pasan más años. Un día llega a mi conocimiento que aquél niño ya es médico, ha contraído matrimonio con Asunción Quintana, los dos son convertidos a la fe de Cristo y por entonces colaboran con Manuel Fernández en la comunidad que dirige en Paracuellos del Jarama. Envío a una redactora de mi revista Restauración, Yolanda Guerrero, a que entreviste al matrimonio. Creo que es el primer contacto de Tarquis con el periodismo evangélico.

A partir de aquella fecha no se interrumpen los contactos ni la amistad entre Pedro y yo. Escribe artículos con frecuencia. También él se va formando como periodista en la revista Restauración. La Comisión permanente de la FEREDE me nombra Secretario de Medios de Comunicación. Pido a Pedro que acepte el cargo de subsecretario. Lo que hice en realidad fue descargar en él todo el trabajo, que lo hacía mejor de lo que lo habría hecho yo.

El tiempo no se detiene. Paso a ser presidente de la FEREDE. Nombro a Pedro Secretario de Medios de Comunicación, el cargo que yo ocupaba. Durante varios años Pedro Tarquis trabaja para FEREDE días y parte de las noches. Sin cobrar nada. Ninguno cobrábamos, excepto el Secretario Ejecutivo.

Desde una óptica puramente informativa Tarquis estructura en la FEREDE un método de trabajo que alcanza al protestantismo en España entera, incluyendo las grandes ciudades y los pueblos más ignorados. A base de paciencia y de trabajo logra construir un archivo de clasificación que pone al día el servicio informativo de la FEREDE. Las noticias que este organismo genera son enviadas con prontitud no sólo a las denominaciones evangélicas, también a partidos políticos, a entidades sociales, a servicios de prensa de las distintas confesiones religiosas.

Pero llega el día del desencuentro. Todo en la vida tiene encuentros y desencuentros. Filias y fobias, abrazos y miradas esquivas.

Como en todas partes, también entre nosotros hay desavenencias. Pedro Tarquis dimite de sus responsabilidades en la FEREDE y yo le sigo, dimitiendo también de las mías. ¡Cosas que pasan! ¡Qué se le va hacer!

Pero el periodismo ya estaba profundamente inoculado en nuestra sangre. En septiembre del 2003 Pedro pone en marcha la revista por internet Protestante Digital. Tiene el apoyo de la Alianza Evangélica Española. Yo me uno al proyecto. Iniciamos la aventura con seis colaboradores. Hoy escriben en Protestante Digital unos 150. La revista recibe 500.000 visitas mensuales, de varios continentes, con ediciones en inglés y en América Latina.

Siempre pensando en otros, en honrar a valores de las letras, Tarquis instituye dos premios: Personalidad del año y Premio Unamuno.

Pedro tiene calambre en la sangre, azogue en el cuerpo, el corazón rebosante de amor y la mente siempre alerta a nuevas ideas. En abril del 2014 regresa a Barcelona. Aquí reúne a un grupo de líderes evangélicos que utilizan la radio como medio de comunicación, trabajando cada cual por su cuenta. Consigue unirlos en un proyecto común. Surge Global Radio.

El reconocimiento más meritorio a la figura y al trabajo de Pedro Tarquis salió de la pluma del periodista (no evangélico) Manuel Vidal, director de Religión Digital. Dijo: “De manos de Pedro Tarquis (…) fuimos aprendiendo quiénes sois, qué hacéis, lo que habéis sufrido y toda vuestra historia”. El periodista, que respeta el trabajo teológico de clásicos como Bultmann o Barth, admira además “la flexibilidad, libertad” del protestantismo. “Me da la sensación que es como un mosaico, mientras la Iglesia católica se parece cada vez más a un cristal monocolor, pálido y gris. Mi acercamiento al protestantismo me hace ver un mosaico que brilla, que luce, realmente magnífico”.

Este es, así es mi amigo Pedro.

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