Nuestra sonrisa más extraña con Robin Williams

0
52
Una extraña sonrisa

Nuestra sonrisa más extraña con Robin WilliamsNuestra sonrisa más extraña con Robin Williams

Es algo extraño, sonreír. No deja de ser algo innatamente humano, ni deja de producirse a pesar de toda circunstancia. Podemos sonreír incluso cuando parece que todo se desmorona. Y no me refiero a ser frívolos, sino a una expresión sincera de alegría y una manifestación honesta de nuestro sentido del humor. Podemos hacerlo incluso en circunstancias de enfermedad, como fue el caso del reconocido comediante y actor estadounidense Robin Williams.

En 2020 se cumplieron cinco años de la muerte de Williams. Una muerte sobre la que muchos especularon al principio y que posteriormente, después de que Susan Schneider, su mujer, hiciese público que el actor sufría demencia por cuerpos de Lewy, se ha vinculado al efecto del desarrollo de la enfermedad en el propio Williams.

Coincidiendo con el lustro de su fallecimiento, Tylor Norwood ha compilado los recuerdos de las personas más cercanas a Williams sobre los últimos días del actor, en el documental Robin’s Wish (El deseo de Robin). La obra recoge también un énfasis especial en la enfermedad de Williams, todavía desconocida, a través de las voces de algunos médicos y académicos que presentan una visión general de sus efectos en el cerebro humano.

El desvanecimiento de un soplo

El documental de Norwood recoge la idea de varios de los amigos y compañeros de rodaje de Williams, que lo consideran un genio por la capacidad que mostró para continuar generando humor y sonrisas mientras en su cabeza todo se iba haciendo cada vez más oscuro.

Pero tampoco oculta el peso de convivir con una demencia degenerativa prácticamente a escondidas. En Robin’s Wish aparece también el director de Noche en el museo 2, Shawn Levy, y explica cómo Williams comenzó a dejar de parecer él mismo mientras acababan de filmar la película. “Algo ocurría con él”, dice. Las bromas en el set de rodaje y la afición a los largos paseos en bicicleta se intercalan en Williams con momentos de sombra que cada vez parecen resultarle más extraños, según lo que explica Schneider.

Si hay algo que estremece del documental es la relación del efecto de la enfermedad, lo que podría relacionarse con la mención en Job de la vida como el desvanecimiento de un soplo (7:7-9), con las sonrisas en las que persiste Williams hasta el final. Y lo que realmente extraña es que no pueda dejar de hacerlo; lo que parece la imposibilidad de dejar esa sonrisa que le es tan familiar, tan natural de por sí.

En realidad, no hay soluciones fáciles ni juicios de valor simples que sirvan para retratarnos a nosotros, los seres humanos y espirituales tan complejos que somos, creados a imagen y semejanza de Dios. Y aunque hayamos insistido en crearnos una serie de apariencias, y aunque acabemos dejando que esas apariencias gobiernen incluso nuestra realidad, sabemos que somos muchos más complejos que eso a lo que simplemente vemos como uno de los comediantes más famosos del cine contemporáneo y que no se cansaba de reír. Sabemos que hay felicidad y dolor en nosotros. Podemos reconocer que aguardamos mal y reflejos de un bien que representa lo que fuimos en un momento de la historia de la humanidad. Que somos tan fuertes como para provocar una sonrisa en otra persona, y tan frágiles como para desmoronarnos ante nuestra propia imagen.

Una enfermedad extraña

El documental se esfuerza por transmitir la complejidad personal de una enfermedad tan extraña como es la demencia, en cualquiera de sus formas, pero también invita a considerar la sensibilidad con la que se observa este proceso en la persona ajena. En este caso, se trata de Williams y el enfoque se sitúa en la persona, con sus problemas y flaquezas, que hay detrás del doctor Patch Adams, del locutor Adrian Cronauer o del profesor de literatura John Keating, todos ellos personajes interpretados por el actor.

Porque, si no hay nada más humano que una sonrisa, tampoco lo hay que sea más que la enfermedad. También, aunque de diferentes maneras, es innata a nuestra condición y nos recuerda el estado de fragilidad en el que nos encontramos ahora. Ni siquiera resultó ajena para Jesús en el momento de realizar su obra en la cruz (Isaías 53:4).

Es precisamente en el proceso de esa enfermedad donde encontramos a Williams en el documental hablando de la vida desde una perspectiva más amplia que el humor despreocupado al que nos inducen muchas de sus películas. “Hay una tristeza, y entonces tienes que vivir con ella. Con la tristeza, es siempre como si deseases que no hubiese ocurrido, pero es una realidad. Y el propósito es hacerlo a uno diferente”. Williams practicaba la meditación trascendental y en el documental se hace alguna mención al budismo, por lo cual resulta difícil plantear algo concreto en cuanto a la idea que el actor pudiese tener acerca de lo divino. Cuando concluye su pensamiento acerca de la tristeza, subraya: “También hay esperanza. Es esa idea de que tú estás en segundo lugar y te das cuenta de que lo que importa son los demás. Despides el ego. Te das cuenta de que hay mucha gente maravillosa por la que estar agradecido. Y un Dios de amor. Además de eso, buena suerte. De eso trata la vida”.

Somos tan frágiles como nuestras sonrisas. Tan complejos como lo pueden llegar a ser nuestras enfermedades, y las situaciones que se derivan de ellas. Como pregunta el proverbio (18:14): ¿quién soportará al ánimo angustiado? No estamos solos en la tarea de vivir esta vida. Dios nos lo ha recordado a través de Jesús, viviéndola también. Ocupando nuestro lugar.


Recibe cada día nuestras últimas noticias en tu Email…


DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí