Orfeo y Eurídice

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Orfeo quiso rescatar del Hades, lugar de los muertos, a su amada Eurídice.

Pero antes había recibido la condición de Perséfone, esposa de Hades, que Eurídice saldría viva si en el ascenso él no se giraba para ver si la seguía.

Orfeo debía tener fe y no dudar.

Pero justo antes de salir del Hades, su amor temeroso hizo que se girase para ver si le seguía ella o un demonio.

¿Falló su fe? ¿Un defecto del amor?

“Sin fe es imposible agradar a Dios” afirma el libro sagrado, pero la “duda” por amor no es objeto de penalización de nuestro amado Padre.

En eso se diferencia el Dios verdadero de la diosa Perséfone. Perséfone penaliza la falta de fe frustrando el amor y Dios sitúa al amor por encima de la fe. Nunca habrá acuerdo posible.

De ese carácter fue la “duda” de Juan el Bautista que el Señor satisfizo plenamente con múltiples señales. “¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?”

Si nos vemos en un dilema parecido al de Orfeo, girémonos cuantas veces queramos dando cumplida satisfacción al amor. Porque Dios es amor y la fe un día cesará tal como afirma Pablo.

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