Perfume de nardo puro

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Pero estando él en Betania,

en casa de Simón el leproso,

y sentado a la mesa,

vino una mujer con un vaso de alabastro

de perfume de nardo puro de mucho precio;

y quebrando el vaso de alabastro,

se lo derramó sobre su cabeza. (Mc. 14:3)

El término hebreo nerd, נֵרְד (en arameo, nardin y en sánscrito, nalada), que se tradujo al griego por nardos, νάρδος, se refiere al perfume obtenido de los tallos de una planta oriunda de la India.

Estos nardos se denominan científicamente Nardostachys jatamansi y pertenecen a la familia de las valerianáceas. Crecen entre los 3.000 y los 5.000 metros de altitud en el Himalaya del Nepal, así como al norte de la India y en China.

Pueden alcanzar hasta un metro de altura, sus flores son rosadas y vienen en ramilletes acampanados. De sus tallos subterráneos (rizomas) se extrae un aceite rojizo perfumado y caro, muy usado desde la antigüedad por su aroma y sus propiedades sedantes.

No hay que confundir esta planta, mencionada en las Escrituras, con los populares nardos de flores blancas oriundos de México, pertenecientes a la especie Agave amica (antes llamados Polianthes tuberosa) y a la familia Agavaceae. Se trata de dos especies botánicas completamente diferentes.

En la Biblia se menciona el nardo (o espicanardo) (obtenido de la planta herbácea, Nardostachys jatamansi), tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, como un perfume exótico y valioso proveniente de lejanas tierras.

Los hindús lo usaban en perfumería y medicina desde tiempos remotos. En el Cantar de los Cantares se le considera como un delicado perfume propio de reyes (Cnt. 1:12; 4:13-14), mientras que los evangelios relatan cómo Jesús fue ungido con perfume de nardo puro, estando en Betania, en casa de Simón el leproso (Mc. 14:3; Mt. 26:6-13; Jn. 12:1-8).

Al especificar que se trataba de “nardo puro” se da a entender que había otros perfumes de nardo diluidos y, por tanto, más baratos. Esta acción desencadenó la ira de algunos discípulos, entre los que estaba Judas Iscariote, por el derroche económico que representaba, ya que dicho perfume valía más de 300 denarios (casi el sueldo anual de un obrero) y, supuestamente, se podía haber vendido y donado a los pobres.

En la antigüedad, los perfumes de gran valor solían conservarse en frascos sellados de alabastro blanquecino, que solo se destapaban rompiéndolos en ocasiones muy especiales.

El ungimiento con nardo puro de Jesús en Betania (Mt. 26:6-13; Mc. 14:3-9; Jn. 12:1-8) no tiene nada que ver con el que tuvo lugar en Galilea, en casa de un fariseo llamado Simón (Lc. 7:36-50).

El primer caso ocurrió en casa de otro Simón, que había sido curado de lepra y la mujer que vertió el perfume sobre el Maestro fue María, la hermana de Marta y Lázaro; mientras que en el segundo caso, la mujer en cuestión que entró en casa del fariseo fue una pecadora anónima, a la que Jesús le perdonó sus muchos errores.

En el acontecimiento de Betania, probablemente María derramó sobre Cristo todos sus ahorros. Esto indignó bastante a los discípulos, especialmente a Judas Iscariote, quien le entregaría poco después.

Sin embargo, cuando Jesús se enteró de lo que pasaba, él mismo fue quien se indignó con quienes protestaban y defendió la acción de María. Era la avaricia y no el amor por los pobres lo que motivaba la protesta de los discípulos.

El Maestro aprobó aquel acto femenino porque, aunque quizás María no fuera consciente de ello, representaba una preparación para su propia muerte en la cruz, ya que le quedaban pocos días de vida, y, en cambio, a los pobres los tendrían siempre para ayudarles en cualquier momento o hacerles el bien.

Además, aquel gesto cariñoso de premonición espiritual, sería recordado por generaciones e inspiraría a millones de creyentes a lo largo de la historia.

Es significativo el hecho de que en el Nuevo Testamento no exista ni un solo versículo en el que se vea a una mujer criticando o atacando a Jesús sino todo lo contrario, perfumándole con nardo puro.

El Maestro siempre estuvo al lado de las mujeres, así como de los débiles y marginados de la sociedad, que, a pesar de todo, supieron amarle con sinceridad.


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