Persecución

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Egidio ya sabía que los dominicos del Santo Oficio vendrían un día u otro para llevárselo preso.

Ante ese suceso inminente, puso sobre aviso a su esposa. Ella y sus tres hijos también peligraban de una manera u otra.

― Ve, mujer al Santo Oficio y denúnciame antes que lo haga nuestro vecino o alguno de los hermanos apresados. Es la manera de que vosotros quedéis fuera de sospecha. Diles que me has encontrado lectura protestante escondida. Díselo con rabia y llanto. Tienes que pasar por una beata católica.

― Pero, ¿y si al fin no te vinieran a buscar? Me duele en el corazón traicionarte.

― No es traición, es por amor a ti y a nuestros hijos, hazlo por ellos. Es la única manera que tengo de protegeros. La situación es irreversible, ya pocos quedamos libres de los que nos reuníamos en secreto para leer la Biblia.

― Pero, ¿acaso dudarás de mi amor en el peor momento?

Te tendré por valiente al proteger lo que más amo, tú y nuestros hijos.

En tesituras semejantes se han tenido que ver españoles de todas las épocas, perseguidos por las tinieblas de España, que dijera el puritano John Foxe.


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