Cómo superar los momentos de ansiedad

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Superar Momentos de Ansiedad

Si te gusta el café o eres más de té, sírvete uno y acompáñame. No imagines a una mujer —con su taza, pluma y cuaderno— mirando al cielo despejado y con una sonrisa inspiradora escribiendo. La verdad es que estoy con mi café casi frío y solo dos líneas escritas.

Incluye en la escena un agobio y ansiedad que conozco como la palma de mi mano al elegir prioridades contra urgencias y es allí donde estamos. Tu café caliente, el mío reposado, y nuestro Dios listo para mostrarnos cómo superar momentos de ansiedad.

Sería presuntuoso dirigirme a ti con un tono de “la experta” y decirte lo que debes hacer para no sentir ansiedad. Estás frente a una mujer que, aún cuando no hay razón, se preocupa de que todo esté bien.

Sin embargo, te quiero platicar del Dios que sabe darme respuestas cuando la ansiedad invade mi día o mis semanas. Él me muestra lo que mi corazón necesita (Sal 94:19). Deseo hablarte de Él y no de mí; porque el modelo a seguir es Él, quien por supuesto nos une y nos hace compartir nuestro café hoy.

Puedes leer en la Biblia “No temas” y por supuesto que deseas que ese temor reflejado en la ansiedad se vaya, pero descubres que sigue ahí y que la seguridad de la fe no siempre es la primera respuesta a ese temor.

Para superar la ansiedad es necesario que te afiances de lo que ya conoces de Dios porque se trata de una verdad inamovible

Podremos identificar cuando comenzamos a sentir esos momentos de ansiedad porque llegan como una inquietud repentina, nerviosismo o preocupación por lo que podría suceder o no: “La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime…” (Pr 12:25). Cada “qué tal si” que viene a la mente trae una razón que nos lleva a pensar que estamos en medio de algo injustificable, ilógico y equivocado que provoca en nosotros reacciones que no planeamos.

Sabemos que el cuadro comenzó porque nos afecta hasta llegar al cansancio y se acerca a la debilidad. La aflicción presiona hasta hacernos sentir que estamos en medio de la calamidad o la congoja y, finalmente, llegamos a vivir un temor inexplicable. Si te identificas, por favor sigue leyendo, aunque hoy tu café deba esperar un poco.

Consejos para vencer los momentos de ansiedad

Lo primero que quisiera aclarar es que la clave no está en tu “determinación”. Las corrientes de pensamiento centradas en el ser humano profesan que, tan solo con decidir el cambio, ya puedes sentirte mejor o hasta eliminar la ansiedad.

Pero incluso si te consideras cristiano, acudir de emergencia a una historia bíblica, a un pasaje o salmo no alivia tu ansiedad. Por el contrario, leer la Biblia te da información, pero para hallar vida será necesario que te acerques a ella para conocer a Dios y sepas por qué acudes a Él todas las veces, con ansiedad o sin ella.

Te animo, no sigas aplazando lo que ya sabes que hay que hacer, ¡Ve a sus pies! “Y sin fe es imposible agradar a Dios. Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que recompensa a los que lo buscan” (Heb 11:6).

Entonces, la pregunta que sigue es: ¿Cómo puede la fe sustituir esa ansiedad?

1) Entrega tu ansiedad al que sí puede vencerla

Esa persona es Dios mismo (Is 26:3-4). Apégate a Su voluntad y permanece creyéndole. Para ello es necesario que te afiances de lo que ya conoces de Dios porque se trata de una verdad inamovible y única. Ocúpate en recordar y conocer más a Dios, en quien estás depositando tu fe. Se trata de conocerle para confiarle lo que está sucediendo, justo porque le conocemos.

2) No te quedes en soledad

Hazte acompañar de alguien cuyo consejo escuchas porque le reconoces en autoridad y porque impacta tu vida de modo que estás dispuesto a atender su instrucción. Pablo nos regala una lista especial de características y nos ayuda con un filtro para saber a quiénes debes escuchar (1 Ts 5:12-13).

En primer lugar, se trata de personas que están entre ustedes, es decir, a nuestro alrededor. Entonces tu margen de búsqueda se centra entre los creyentes. Lo segundo es que se trata de personas que están trabajando, esto quiere decir que los podrás identificar porque se ocupan de la Palabra y de cuidar a la iglesia.

Tercero, representan una voz de autoridad bíblica, te aconsejan con la Palabra y te confirman lo que Dios ya te ha hablado en tus tiempos con Él. Se trata de personas que ya te han acompañado para ir juntos a buscar al Salvador.

Ocúpate en recordar y conocer más a Dios, en quien estás depositando tu fe. Se trata de conocerle para confiarle lo que está sucediendo

Si piensas que no hay alguien que pueda acompañarte, recuerda que Pablo nos pide que “reconozcan a los que con diligencia trabajan entre ustedes” (1 Ts 5:12). Eso significa que estas personas sí están ahí, aunque quizá la ansiedad no te permite verlos. Pide a Dios que permita identificarlas (Col 4: 7-10).

3) Busca el bien para quienes te rodean

Vivir dándole a todo un sabor amargo es pecado (Ef 4:31), pues al permitir que la ansiedad tome el control de tu vida renuncias al consejo bíblico y permites que los efectos de la ansiedad repercutan en ti y afecten a quienes te rodean: “Miren que ninguno devuelva a otro mal por mal, sino que procuren siempre lo bueno los unos para con los otros, y para con todos” (1 Ts 5:15, énfasis añadido).

Confía en Dios

Ocupemos nuestra mente en conocer cada vez más la esencia de Dios. Cuando dediquemos tiempo a orar, recordemos que Su voluntad es que vivamos agradecidos incluso en medio de las pruebas (Fil 4:6-7). Para eso, Él nos dejó su esperanza que es nuestro Salvador. Aquel que desde la eternidad preparó el gozo de su Salvación para nuestra vida.

El café se nos acaba y quiero dar el último sorbo. Es cierto que no puedes controlar las circunstancias o a las personas. De hecho, estamos en una pandemia que te podría llevar al umbral de una explosión de momentos de ansiedad que te haga pensar que el colapso es inevitable.

Sin embargo, al inicio te pedí que juntos nos acercáramos a Aquel que sí nos guarda, porque Él sí puede hacer realidad 1 Tesalonicenses 5:23-24 una y otra vez.

Recuerda que nuestra santificación es un proceso hasta que Cristo regrese. Mientras tanto, podremos mostrarnos irreprensibles gracias a su fidelidad.



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