Y dan la espalda al cristianismo

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Y dan la espalda al cristianismo. Los que conocemos el cristianismo y lo aceptamos como norma de vida, nos podemos preguntar que cómo es posible que haya tantas personas en el mundo que dan la espalda a la espiritualidad cristiana, conteniendo ésta la guía, no solamente para conseguir la salvación eterna, sino para la práctica de los valores adecuados para vivir la vida, en nuestro aquí y nuestro ahora, de una manera sublime, superando cualquiera otra guía ética humana y, lógicamente, superando también a los valores sociales de nuestras sociedades de consumo insolidarias.

Si esto es así, y no cabe duda que los valores del Reino y los valores y prioridades cristianas que emanan de la Biblia, superan a los valores mundanos, nos podemos preguntar: ¿por qué el cristianismo no interesa a tantas y tantas personas en nuestro mundo?

Pues sí. Muchos dan la espalda al cristianismo. ¿Tendremos los cristianos alguna responsabilidad en esto? ¿Quizás es que el mundo está lleno de prejuicios ante la forma de vida de los llamados cristianos?

¿Dan éstos un ejemplo de vida en donde se nota que los valores del Reino, y bíblicos en general que proclaman, no son vividos con autenticidad, que existe una religiosidad vivida en hipocresía, que hay valores predicados, pero no vividos, que las formas de vida y prioridades están mostrando que se viven en falsedad? ¿Puede ser que, en el mundo, los que dan la espalda al cristianismo lo que estén haciendo, realmente, sea dar la espalda a la falta de coherencia de muchos cristianos, falta de autenticidad entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que se dice creer y lo que se vive?

Y siguen dando la espalda al cristianismo. Puede ser también porque observan la falta de compromiso de muchos cristianos con las problemáticas del mundo, pues en multitud de casos viven la espiritualidad cristiana en retirada del mundo, en fuga de los lugares de conflicto, mientras buscamos un gozo religioso que es falso si se busca de espaldas al sufrimiento del prójimo, mientras buscamos una felicidad en la metahistoria, dejando en la estacada a los prójimos sufrientes que están al lado de nuestras puertas o fronteras.

¿Por qué dan la espalda al cristianismo? ¿Podría ser que la falta de coherencia entre lo que decimos y hacemos, la vivencia de una fe desarraigada de las problemáticas del mundo, vivencia cómoda y con falta de práctica de la projimidad, diera lugar a que muchos pensaran que es más un cristianismo de apariencias que una espiritualidad que cambia vidas y las prepara para el servicio a Dios, al prójimo y al mundo?

El cristianismo no puede ser olor a cirio y sacristía, sino olor grato del amor sincero y servicial al prójimo, producto de una fe que actúa por el amor, como diría el apóstol Pablo.

Y dan la espalda al cristianismo. Quizás lo que perciben en ocasiones es el cumplimiento de un ritual que, en el fondo, les parece insolidario con el prójimo que sufre.

Quizás perciben que, de alguna manera, el auténtico ritual, como señalan los profetas, está más en la línea de búsqueda de la justicia y en la práctica de la misericordia.

Quizás es que muchos perciben el cristianismo como la realización de reuniones con prácticas externas que no comprometen a los cristianos en cuanto al sufrimiento del prójimo. Así, las prácticas litúrgicas y piadosas, a ellos no les dicen nada.

Y dan la espalda al cristianismo. El cristianismo vivido en los templos y de espaldas al grito de los pobres, al dolor de los sufrientes, al gemido de los marginados, no puede levantar el interés y el seguimiento de grandes masas de la población, de capas sociales que lo que necesitan es la respuesta de justicia misericordiosa que ofrecen los valores cristianos a los sufrientes, desclasados y excluidos de los bienes sociales, de los productos de la tierra que deben ser para todos en una relación de igualdad.

¿Por qué siguen dando la espalda al cristianismo?

Podemos seguir preguntando que por qué ocurre esto. Podemos ser hasta críticos, espero que no con juicios condenatorios, pues no nos compete a nosotros, a los que dan la espalda a aquellos que dicen practicar la espiritualidad cristiana sin que en ellos vean coherencia, podemos ver el fenómeno incluso culpando a otros e intentando salvarnos a nosotros mismos de la crítica social que nos puede venir, pero, quizás, lo bueno y auténtico, sería también replantarnos nuestra vivencia de la auténtica espiritualidad cristiana que siempre va a estar en relación con ser manos tendidas de ayuda a un mundo que nos necesita y que quiere ver en nosotros no solamente doctrina y rito, sino vidas transformadas que buscan la práctica de la justicia, de la misericordia y de la fe. Vivir el auténtico cristianismo en compromiso con Dios… y con el hombre. Quizás esto haría que muchos volvieran la cara al cristianismo.


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