2021, esperanza; la suerte no está echada

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Comenzamos un año que va preñado y precedido de malos recuerdos del que ya ha pasado. Sensaciones de confinamientos, zarandeos en la economía, enfermedad y muerte con el Coronavirus. Ha habido personas que han sufrido graves carencias económicas por las muchas restricciones, por los cierres en tan diferentes ámbitos y por otras problemáticas que han hecho que el año 2020 no haya sido tan positivo como hubiéramos deseado.

Sin embargo, queremos dejar sentado que, con las circunstancias negativas del año que ha terminado, la suerte no está echada. No puede estar nunca echada. Eso sería ver el mundo desde un túnel oscuro, desde una ventana cerrada y sin posibilidades de poder ser abierta. No. Nunca se debe dar esta situación y, menos aún, para un cristiano. El cristiano siempre debe estar abierto a la esperanza y a buscar la luz al final del túnel.

La suerte nunca está echada. Un año ya pasado no debe determinar al siguiente. Probablemente, aunque a veces no nos lo parezca, siempre hay una luz de esperanza al final del túnel, aunque en ocasiones creamos que nuestro grito rebota en algún muro que detiene nuestra voz, aunque pensemos que nuestras esperanzas rebotan y vuelven vacías a nosotros. Que nadie os engañe. Al fondo de la oscuridad nos espera una luz de esperanza.

Confía, cree. Las situaciones pueden cambiar, las pandemias pueden ser derrotadas. Debemos tener siempre ante nosotros la esperanza, incluso la utopía de un mundo mejor. Al que cree todo es posible. Si caminamos, incluso, tras de lo que parece imposible, si nos dejamos iluminar por la esperanza sin decaer, sin dormirnos en ningún tipo de laurel falso, si evitamos que nuestras manos y nuestros pies se paralicen, todo puede ser vencido y la luz puede llegar a inundarnos. Que así sea en el año 2021.

Una cosa: la esperanza no es ni debe ser nunca pasiva. Tener esperanza no es esperar de brazos cruzados a que el destino vaya marcando nuestras vidas. Debemos involucrarnos en una esperanza activa trabajando por un mundo mejor, por la búsqueda de la justicia y la igualdad para todos, por los avances técnicos que, de alguna manera, hacen del hombre un colaborador en la creación de Dios. Somos imagen y semejanza suya.

Dios quiera que en el 2021 se levanten actores, gestores, pioneros de la igualdad y de la redistribución de bienes y servicios del planeta, un mundo que pueda disfrutar del avance de las vacunas y no solamente las del Coronavirus. Que ningún niño, ningún ser humano muera por falta de vacunas, medicinas, alimentos o agua potable.

Muchos, en este mundo, se creen iguales ante Dios, pero desiguales ante las leyes humanas, aunque en nuestros ámbitos resuene una y mil veces que todos somos iguales ante la ley. Así debería ser en realidad. Que el 2021 seamos, realmente, iguales ante las leyes humanas. No más discriminaciones, no más marginaciones ni exclusiones, no más despojos, opresiones ni injusticias. Que en este año que comenzamos nos sintamos todos ciudadanos del mundo sin ningún tipo de estigmas ni de raza, ni de lengua, ni de color ni de situación económica o social.

Que el 2021 no haya personas consideradas inferiores por sus diferencias, que no haya tampoco culturas que se consideren como inferiores, que haya respeto a la diferencia y a la pluralidad. Hay esperanza, hay luz al final del oscuro túnel de muchos de los acontecimientos históricos.

La esperanza nunca es ingenua. La esperanza se apoya también en la inteligencia, en la buena voluntad, en la acción solidaria, en el amor a Dios y a las personas, amor al prójimo. Muchas veces la esperanza está fundamentada únicamente en Dios. Es correcto y así debe ser, pero con la matización de que también Dios quiere que seamos colaboradores suyos en busca de la luz que nos ilumine al final del túnel de la desesperanza.

En este año que comienza, en este 2021, vamos a caminar por fe, con esperanza y fundamentados en la fuerza del amor. Al que va lleno de estas tres virtudes, no tendrá miedo, nadie le podrá hacer frente, para él no habrá circunstancias adversas. La esperanza nos hace asumir nuestros fracasos y reconstruir nuestro mundo. No. Nada de manos caídas esperando solamente en lo que nos puede sobrevenir. Hay que practicar la esperanza activa para que el año 2021 sea fructífero y sanador de tantas y tantas carencias del año que ha terminado. Los problemas, los fracasos o pandemias, nos pueden fortalecer y hacer que nos pongamos manos a la obra.

Confía, mira hacia el futuro con esperanza, cree que, en la voluntad de Dios, el año 2021 va a ser mucho mejor. ¡FELIZ AÑO 2021!

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