Amén a la oración del prójimo

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Amén a la oración del prójimo

Por lo que a mí respecta, no soy partidaria de decir amén a cualquier oración que se pronuncie, pero he de reconocer que si se trata de alguien que, dado su comportamiento, no me cae bien, estoy ya desde el principio atenta a lo que dice por si reconozco algún error.

Me pasa, lo confieso, ¿y a ti? Sin embargo, hemos de tener en cuenta que tenemos que ser lo suficientemente maduros para evitar seguir cometiendo este error.

La oración puede estar inspirada por Dios aunque esa persona actúe en ocasiones de manera poco ortodoxa. Recordemos que el Señor va libre por donde quiere y actúa en quien quiere.

Puesto que para Dios todas las criaturas somos iguales y su amor es compartido:

Si su oración es verdadera, digamos amén.

Si es de corazón, digamos amén.

Si es sensata, digamos amén.

Porque el Señor no desprecia un corazón hecho pedazos, nosotros tampoco. Cuando la persona que no nos cae bien del todo proclama su dolor, entristezcámonos con ella sin que nuestra mente albergue una justificación para su sufrimiento. Si lo que anuncia es que el Señor le ha concedido su petición, alegrémonos también.

No hay alegría más grande que ver una necesidad cubierta.

Si no sabemos cómo y por dónde empezar, esto que comento es posible con la ayuda del Espíritu Santo, una voluntad dispuesta a mantener la paz con Dios y a restablecer, cara a cara, las relaciones estropeadas.

De paso miremos cómo arreglar las relaciones entre los que disfrutamos del mismo planeta y de un comportamiento similar ante la vida y la muerte.

Esto va por ti y por mí.


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