El evangelio también es para cristianos

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Todo creyente ha recibido en algún momento instrucción sobre cómo compartir el evangelio a personas que aún no son creyentes. Es verdad que nuestra prioridad es predicar el evangelio de Cristo y que este debe brillar en aquellos que aún no han creído (2 Co 4:4Mt 28:19-20). Sin embargo, el evangelio no es exclusivamente para incrédulos. Veamos por qué el evangelio también es para los creyentes.

Cristiano, identifica la manera correcta en que el evangelio apunta a tu Salvador

Cuando pensamos en el evangelio pensamos en nuestro dulce Salvador. ¿Por qué habríamos de desvirtuarlo y tratarlo como un producto en venta? No somos vendedores del evangelio, somos portadores de las buenas noticias de salvación. Por eso, en Cristo nos vestimos “como escogidos de Dios”, nos vestimos “del nuevo hombre”, y somos una “nueva criatura en Cristo” (Col 3:12Ef 4:242 Co 5:17). Cuando pensemos en el evangelio, recordemos que Cristo nos da vida por su gracia, amor, y misericordia. Él dio todo por nosotros, incluso se dio a sí mismo para salvar al mundo. El apóstol Juan nos dice que los que le pertenecen al Señor se habían rebelado en su contra, pero quienes dejaron su rebeldía y creyeron en Cristo recibieron salvación en su nombre (Jn 1:11-12).

No somos vendedores del evangelio, somos portadores de las buenas noticias de salvación

Debemos proclamar que el evangelio también consiste en que “Sus misericordias son nuevas cada mañana” (Lm 3:23) y, por lo tanto, necesitamos reconocer que nuestra salvación implica que Cristo sustenta y cuida a quienes salva (Ef 5:29). Los creyentes respiramos con esperanza, andamos con seguridad, y vivimos en confianza gracias al evangelio de Cristo. Gracias a su poder y a su justicia, todo creyente debe afirmar: lo que yo soy es gracias a Él y fuera de Él nada soy (1 Co 15:10). El evangelio apunta a Jesús como el centro de toda nuestra vida.

Si olvidamos el evangelio, olvidamos a nuestro Salvador. Si dejamos de recordarnos la preciosa historia del evangelio, las distracciones materiales robarán nuestra atención. Debes invertir toda tu vida en admirar y rendirte ante el verdadero evangelio bíblico. No hay nada más maravilloso que Cristo y su evangelio.

Cristiano, el evangelio revela tu continua necesidad del Señor

Los cristianos somos proclives a señalar a los no creyentes como infractores de la Ley de Dios. Les decimos: “Si rompes un mandamiento, haz roto todos”. Y es correcto. Eso es lo trágico de la condición humana: los creyentes también somos infractores de la Ley de Dios.

Sin embargo, hemos llegado a pensar que somos merecedores de más “flexibilidad” que los no creyentes. Por ejemplo, algunos afirman con poca reflexión: “sí, pequé… pero es que yo no soy Jesús” o “caí en tal pecado porque me provocaron”. Frases como estas demuestran que intentamos crear una protección para los creyentes, como si tuviéramos justificación para caer sin que haya una consecuencia aparente. Tendemos a acusar a nuestro cónyuge e hijos, a la falta de dinero, las presiones, o a nuestros problemas de salud para justificar nuestro pecado. El problema es que Dios nunca lo ha visto de esa manera.

El pecado es real y no podemos esconderlo ni maquillarlo. Cuando pecamos, lo hacemos contra el Dios creador, ofendemos su santidad y caemos en rebeldía. Ante esto, el evangelio nos recuerda que en Cristo hay salvación, porque solo Él perdona todos nuestros pecados (Hch 4:12).

Los creyentes respiramos con esperanza, andamos con seguridad, y vivimos en confianza gracias al evangelio de Cristo

Aunque la salvación es eterna, eso no nos exime de volver a caer en rebeldía contra Dios (He 7:27). Es ante esta realidad que el evangelio continúa bendiciendo a los creyentes. Esto no significa que un creyente deba “salvarse” cada vez que peca, eso no es necesario porque el sacrificio de Jesús es suficiente para limpiar todos nuestros pecados.

Somos salvos para no pecar, “pero si alguien peca, tenemos abogado para con el Padre, a Jesucristo el Justo. Él mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero” (1 Jn 2:1-2). Aún cuando caemos, Cristo nos perdonó y —si lo buscamos con humildad— podemos seguir en el proceso de purificación y santificación en el Espíritu.

Cristiano, el evangelio exalta la belleza del Salvador

Vivir en la realidad del evangelio te llevará a admirar la belleza del Salvador y concluir: ¿Cómo podremos pecar contra nuestro Dios de esta manera? O después de un desliz: ¿Cómo no confesar mi pecado ante Dios si he pecado contra Él?

El evangelio revela la santidad de Dios y el deseo que Él tiene de imprimirla en nosotros. Por eso vivir en el evangelio no significa que tenemos licencia para pecar, sino que implica tener la presencia transformadora de Dios en nosotros y habrá evidencia de ello en nuestro comportamiento (2 Co 3:18).

El amor de Dios en nosotros nos llevará a admirar la belleza de Cristo. La revelación de Dios en las Escrituras nos impacta, cautiva, y transforma. Su evangelio no es para no creyentes solamente, sino también para creyentes. Quienes ya somos de la familia de Dios lo necesitamos todos los días. Necesitamos recordar su obra por nosotros. Su restauración, santidad, y poderío deben tener un efecto transformador en nosotros. Que el evangelio de Dios sea nuestra motivación para vivir y nuestra razón de morir por el evangelio, si fuese necesario.

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