El rol del Espíritu Santo en la consejería bíblica

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El Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad. Y, en otro sentido, es la tercera persona presente en la consejería bíblica: está el consejero; está el aconsejado; y está el Espíritu Santo, ¡el Consejero divino!

La Biblia no habla de forma explícita sobre el rol del Espíritu Santo en la consejería bíblica, pero es algo que se puede deducir de todo lo que ella enseña acerca de lo que hace el Espíritu Santo en las vidas de las personas.

Vamos a pensar sobre la obra del Espíritu Santo: (1) en el consejero cristiano; y (2) en la persona aconsejada.

La obra del Espíritu Santo en el consejero

El Espíritu Santo capacita al consejero

El Espíritu Santo da dones a los creyentes para la gloria de Dios a través de la salvación de las personas y el crecimiento espiritual de las personas ya salvas. Capacita a los creyentes para que puedan reconocer, desarrollar, y usar sus dones para servir al Señor y a otras personas (1 Co 12:4-7).

Uno de los ministerios para los cuales el Espíritu Santo capacita a algunos creyentes es el ministerio del consejero cristiano, sea este pastor o no, y sea hombre o mujer. Sin esa capacitación por parte del Espíritu Santo, no habría buenos consejeros cristianos.

El Espíritu Santo enseña al consejero

Para poder ayudar a otros, el consejero cristiano necesita aprender primero. Y ¿quién le enseña a él? Pues, aunque lea, estudie, y haga cursos de consejería bíblica, quien le enseña es el Espíritu Santo, dándole entendimiento de la Biblia y enseñándole cómo aplicar su enseñanza a las personas que pretende ayudar (cp. Jn 16:141 Co 2:12).

De hecho, la preparación más necesaria para la consejería bíblica es una buena comprensión de la teología sistemática, ya que todas sus áreas tienen implicaciones tanto para el diagnóstico como para el tratamiento de los problemas de las personas.

El Espíritu Santo guía al consejero

El consejero cristiano se encuentra ante todo tipo de personas con todo tipo de problemas y necesidades, y no siempre es fácil saber qué decir o cómo ayudar.

El Espíritu da la sabiduría necesaria para aplicar el conocimiento bíblico a cada persona, sea cual sea su situación

Si la enseñanza y la iluminación del Espíritu Santo tienen que ver con la comprensión por parte del consejero de la Palabra de Dios, la guía del Espíritu Santo tiene que ver con la sabiduría que necesita el consejero para poder aplicar la Palabra de Dios a la persona que tiene frente a él. El Espíritu da la sabiduría necesaria para aplicar el conocimiento bíblico a cada persona, sea cual sea su situación.

El Espíritu Santo fortalece al consejero

¿Por qué necesita el consejero cristiano ser fortalecido? Para tener el valor para decir y hacer lo correcto, aun cuando sepa que su diagnóstico no va a ser bien recibido, ni pueda decir lo que la otra persona quiere oír.

Al igual que algunos otros oficios, como el de médico o el de político, el oficio de consejero cristiano no siempre es agradable, porque la verdad a veces duele, y mucho. Pero en ese momento se acerca el Espíritu Santo, como Consolador (Jn 16:7), quien viene a nuestro lado para defender, ayudar, y fortalecer tanto al consejero como al aconsejado.

El Espíritu Santo santifica al consejero

La consejería bíblica tiene mucho que ver con la santificación, cuando el aconsejado es creyente y necesita entender su situación desde una perspectiva bíblica sobre la vida cristiana.

Pero el consejero cristiano también es una persona en ese mismo proceso de santificación. Él también sigue siendo pecador y sigue afectado por el pecado, por sus propias fallas, sus luchas, y sus puntos débiles, etc. Y ¿quién le santifica? Sí, es Dios, el Dios trino, pero, de forma especial, es el Espíritu Santo (2 Ts 2:132 Co 3:18).

La obra del Espíritu Santo en el aconsejado

El Espíritu Santo enseña al aconsejado

Sea el aconsejado creyente o no, necesita que se le aplique la verdad de la Palabra de Dios. Solo le va a ayudar el diagnóstico y el tratamiento de su Creador, no los inútiles parches de un humanismo en bancarrota.

El Espíritu Santo puede abrirle los ojos y hacerle entender los consejos de Dios.

El Espíritu Santo convence al aconsejado

Jesús dijo que el Espíritu Santo convencería al mundo de pecado, de justicia, y de juicio (Jn 16:8). Muchas veces (aunque no siempre) eso es lo que necesita la persona que está hablando con el consejero.

Al igual que en la salvación, en la consejería bíblica también la mala noticia es una preparación necesaria para la buena noticia. La esperanza de una solución nace del reconocimiento del verdadero problema. Allí es donde el Espíritu Santo puede traer la convicción de pecado necesaria, por mucho que pueda doler en el momento.

El Espíritu Santo anima al aconsejado

Después del susto y dolor del diagnóstico, viene la esperanza del tratamiento propuesto. Como exclamó el pueblo de Dios en tiempos del profeta Oseas: “Él nos ha desgarrado, pero nos sanará; nos ha herido, pero nos vendará” (Os 6:1).

El Espíritu guía al consejero en los consejos que da, y guía a la persona aconsejada a reconocer la verdad y la sabiduría de esos consejos

Donde hay convicción de pecado y una actitud humilde y receptiva, el Consolador pasa de la mala noticia a la buena: ¡en la Palabra de Dios y en el mensaje del evangelio hay esperanza! “Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar” (Mt 11:28).

El Espíritu Santo guía al aconsejado

El Espíritu guía al consejero en los consejos que da, y guía a la persona aconsejada a reconocer la verdad y la sabiduría de esos consejos, a aceptarlos, y a empezar a dar pasos para ponerlos por obra en su vida.

Es probable que la persona que recibe buenos consejos no siempre reconozca la dirección del Espíritu Santo en su mente, en su conciencia, en su corazón, y en su vida. Pero, sea que lo reconozca o no, es así.

El Espíritu Santo cambia al aconsejado

Esto es lo que anhela y por lo que ora todo consejero cristiano: ¡un verdadero cambio en la persona a quien intenta ayudar! Pues, ¡el Espíritu Santo tiene poder para cambiar a las personas!.

Cuando ese cambio se da en un creyente, creciendo más a imagen de Cristo, lo llamamos “santificación”. Cuando un cambio positivo se da en una persona no creyente, es una manifestación de “la gracia común” de Dios, la bondad del Señor para con una persona independientemente del estado espiritual de esta. Esa “gracia común” no se limita solo al sol y la lluvia (Mt 5:45); también incluye cambios para mejor en personas no regeneradas. Sin embargo, oramos para que Dios haga más que solo mejorar a las personas. Oramos que el Espíritu cambie sus vidas desde lo más profundo dándoles el regalo del nuevo nacimiento (Jn 3: 5-8).

Conclusión

Al Espíritu Santo se le ha llamado “la persona tímida de la Trinidad”. No llama la atención a sí mismo, sino más bien a Cristo. Tal vez por eso su rol en la consejería bíblica sea más implícito que explícito; casi, yo diría, invisible.

Pero no por eso es un rol menos bíblico o real. La Biblia enseña todo lo que hace el Espíritu Santo en las vidas de personas tanto creyentes como no creyentes, y ¡no es poco! La consejería bíblica no es otra cosa que una de las áreas en las que el Espíritu Santo hace lo que hace en las vidas de las personas. ¡Gloria al Señor por un ministerio tan poderoso y hermoso!

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