Resurrección ¿El mayor engaño de la historia? Cómo piensan los historiadores.

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Cómo piensan los historiadores sobre la resurrección

¿Existe buena evidencia histórica para afirmar que Jesús resucitó de entre los muertos? Muchas personas piensan que la fuente principal que tenemos que da fe de la resurrección, la Biblia, está tan sesgada que no tiene ningún valor histórico. 

Pero esto es un mito. En la historiografía moderna, hay una serie de criterios que los académicos utilizan para evaluar la confiabilidad de una fuente. Cuando aplicamos estas herramientas al tema de la resurrección de Jesús, se pinta un cuadro muy diferente al que podríamos esperar. Veamos brevemente tres criterios importantes.

1. El criterio del testimonio múltiple

Si un evento en la historia solo es regist

rado por una fuente, es más difícil saber si realmente sucedió. Pero tan pronto como existen varias fuentes independientes que relatan lo mismo, tenemos una indicación mucho más segura de que el evento es confiable.

Eso es precisamente lo que tenemos cuando se trata de los relatos de la resurrección. Los cristianos tienden a pensar en la Biblia como un solo libro; eso es cierto hasta un punto.

Sin embargo, debemos recordar que la Biblia es, en última instancia, una biblioteca; una colección de documentos independientes. Dentro de la Biblia, tenemos cuatro relatos principales de la resurrección: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Los historiadores tratan estos documentos como fuentes primarias independientes.

Ahora, algunas personas señalan que existen diferencias entre estos cuatro relatos. Por ejemplo, en el relato de Mateo, él registra a dos mujeres como los primeros testigos de la resurrección (Mt 28:1). Pero Marcos registra a tres mujeres (Mc 16:1) y Lucas menciona a tres mujeres entre otras (Lc 24:10).

Algunas personas ven esto y dicen: “¡Ajá! ¡Mira esas discrepancias, no puedes confiar en lo que están diciendo!”. Pero en realidad, los historiadores ven eso como una indicación de que podemos confiar en estas fuentes.

¿Por qué?

Porque nos demuestran que los autores no han colaborado entre sí. Los autores no se han agrupado y han dicho: “Será mejor que aclaremos nuestra historia, vamos a precisar los detalles”.

Estas pequeñas diferencias muestran que se trata de fuentes independientes, que nos dan múltiples atestaciones de los mismos eventos. Es una demostración de corroboración sin colaboración.

En términos de historiografía, la presencia de esas pequeñas diferencias (aunque coinciden en los puntos principales) es en realidad un fuerte indicador de autenticidad. 

2. El criterio de las fuentes tempranas

Cuando los historiadores están considerando la confiabilidad de una fuente, otro factor que consideran es el período de tiempo entre el momento en que ocurrieron los eventos y el momento en que se escribió la fuente. Cuanto menor sea el intervalo de tiempo, mejor.

Generalmente se considera que Marcos es el primer Evangelio, escrito entre 30 y 40 años después de la muerte de Jesús (en los años 60 o 70 d. C.).

Puede que estés pensando: “¿Treinta o cuarenta años? ¡Eso es demasiado!”.

Pero si esa es tu reacción inmediata, es hora de una lección rápida de historia antigua. En realidad, 30-40 años es un lapso de tiempo extremadamente corto para las biografías antiguas.

A modo de comparación, tomemos como ejemplo a Alejandro Magno.

La mejor biografía que tenemos de su vida fue escrita 400 años después de su muerte y ese tipo de lapso de tiempo es muy común cuando hablamos de historia antigua. Comparado con eso, los Evangelios se escribieron muy temprano.

Es más, significa que muchos de los testigos que conocieron a Jesús personalmente todavía estaban vivos cuando se escribieron las fuentes y podían verificar lo que se reportó.

La cosa se pone mejor. Los Evangelios no solo se escribieron en un corto período de tiempo, sino que sus autores utilizaron testimonios de testigos presenciales y relatos que fueron escritos con anterioridad (ver Lc 1:1-4).

No todas estas fuentes han sobrevivido, pero muestra que la brecha entre los eventos y su registro es en realidad mucho menor que 30 años.

Como escribe Bart Ehrman (en inglés), un erudito que se describe a sí mismo como un agnóstico con inclinaciones ateas:

“Con respecto a Jesús, tenemos numerosos relatos independientes de su vida en las fuentes que se encuentran detrás de los Evangelios (y los escritos de Pablo), fuentes que se escribieron en arameo, la lengua nativa de Jesús, y que pueden ser fechadas tan solo a uno o dos años de su vida (antes de que la religión pasara a convertir a multitudes de paganos).

Fuentes históricas como esas son bastante asombrosas para una figura antigua de cualquier tipo”.

No solo tenemos múltiples testimonios, sino que los obtuvimos de fuentes que son, desde el punto de vista de la historiografía, asombrosamente tempranas.

3. El criterio de dificultad

Un tercer factor que los historiadores tienen en cuenta es “el criterio de dificultad”. Como muchos saben, la historia generalmente es escrita por los victoriosos y ellos deciden qué incluir y qué excluir. Así que, naturalmente, las fuentes tienden a incluir cosas que las hacen lucir bien y a omitir aquellas que las hacen lucir mal.

Por ejemplo, los escritores antiguos tienden a exagerar sus victorias militares, pero son notoriamente callados sobre sus derrotas. ¡No es muy diferente de lo que compartimos en nuestros feeds de Facebook e Instagram! Incluimos las cosas que nos hacen lucir bien, no las cosas que nos hacen lucir mal. 

Entonces, cuando un historiador ve que un escritor antiguo incluye algo que los hace quedar mal (o los avergüenza de alguna manera), es una fuerte indicación de autenticidad. ¿Por qué alguien inventaría algo que los ponga en una posición difícil?

Sin embargo, eso es precisamente lo que vemos en los primeros relatos de la resurrección. Por ejemplo, los cuatro Evangelios registran que las primeras personas que se encuentran con el Jesús resucitado son mujeres.

Puede que eso no nos parezca significativo, pero de acuerdo a los estándares antiguos es algo sorprendente. En el contexto patriarcal del primer siglo, las mujeres no eran consideradas testigos confiables. Lamentablemente, el testimonio de las mujeres se consideró tan inútil que ni siquiera se les permitió servir como testigos legales en un tribunal judío.

Imagina que eres un judío del siglo I y decides inventar una historia sobre Jesús resucitando de entre los muertos. Si Mateo, Marcos y Lucas están sentados diciendo: “¿Cómo vamos a hacer que esto suene legítimo?”, no hay forma de que eso se les hubiese ocurrido.

Las mujeres no habrían sido incluidas en la historia, especialmente como las primeras testigos presenciales. No, si la historia hubiese sido inventada, los primeros en encontrarse con el Cristo resucitado hubiesen sido Pedro, Juan o un centurión.

Esta es una de las razones por las que aún los historiadores seculares consideran que los relatos de los evangelios tienen un valor histórico real. Estas no son solo historias míticas inventadas siglos después de que Jesús caminara sobre la tierra.

Mucha gente hoy piensa que no podemos confiar en los relatos de la vida de Jesús. Pero las herramientas de la historiografía moderna cuentan una historia completamente diferente.

Esto nos da una buena razón para tener confianza en los Evangelios, no solo sobre la base de una fe ciega, sino sobre la base de una buena evidencia.

En mi experiencia, cuando las personas se enteran de esto, es mucho más probable que consideren leer uno de los Evangelios por sí mismos, lo que la mayoría de los australianos no han hecho en su adultez. ¡Invita a un amigo a leer uno de los Evangelios contigo mientras se toman un café! 


Publicado originalmente en The Gospel Coalition: Australia. Traducido por Equipo Coalición.

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