Líbranos del mal

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No nos metas en tentación, sino líbranos del mal.

De todas las peticiones del padrenuestro, esta es la más enigmática. La existencia del mal es un hecho que pocos ponen en duda. Pero ¿cómo hay que entender lo que se pide aquí?

No nos metas en tentación…

La petición se refiere a un tiempo de pruebas. Hasta aquí no hay problemas. Pero siempre nos ha costado entender cómo es posible que Dios nos quiera tentar. Es verdad: la prueba en sí no es pecado porque Jesucristo mismo fue tentado en el desierto. Pero no hay que olvidar que no fue el diablo que le llevó al desierto, sino el Espíritu Santo, precisamente “para ser tentado por el diablo.”1

Detrás de las pruebas y tentaciones hay un propósito pedagógico divino. La intención de pruebas en nuestra vida no es para demostrar nuestro fracaso sino todo lo contrario: existen para poner de manifiesto que nuestra redención es real y que vamos madurando. Y en el caso de Jesucristo era prueba que Él podía llevar acabo nuestra redención.

Es comparable a un examen en un colegio. No se pone para conseguir que los alumnos fracasen, sino son un mecanismo para comprobar que el estudiante ha progresado lo suficiente en sus conocimientos como para demostrarlo. En otras palabras: un examen no es para fomentar el fracaso, sino para certificar el éxito. Así fue con Jesucristo y lo mismo ocurre en nuestras vidas. Lo que sí es cierto es que el diablo, la personificación del mal, quiere aprovechar la tentación para sus fines.

Los exámenes de Dios no son deseables, ni nos hacen gracia. No debemos buscar el sufrimiento, ni los problemas, ni tampoco el peligro. Todo lo contrario: nos conviene pedirle al Señor que no vengan esas pruebas hoy, como el pan de todos los días.

Pablo explica esto en la primera carta a los corintios:

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”

Quiere decir: los exámenes de Dios tienen expectativas de éxito.

El apóstol escribe aquí un comentario perfecto sobre la sexta petición del padrenuestro. La idea es pedirle a Dios moderación a la hora de examinarnos.

Él determina la dificultad de nuestras pruebas. Pablo mismo menciona un largo catálogo de desafíos y sufrimientos3.

Su expresión más dolorosa era el famoso aguijón en la carne.4 Pablo lo llama “mensajero de Satanás” y no estaba encantado, pero reconoce la utilidad de la prueba. Pidió por liberación, pero en su caso Dios no escuchó su oración. Solo el Señor conoce el límite de lo que podemos aguantar. Nuestro consuelo es que Dios es fiel y no nos pondrá a prueba de forma exagerada o inútil. Cada examen tiene su sentido.

La famosa oración de Agur también nos ayuda a entender mejor lo que Jesucristo tenía en mente con la sexta petición5: Agur expresa humildad y un conocimiento de sí mismo. No quiere riqueza ni pobreza porque conoce sus tentaciones respectivas. El sentido de su oración va en consonancia con el “no nos metas en tentación”: es sabio no por cosas que solamente significarían una tentación. Esto podría incluir por ejemplo un nuevo trabajo mejor pagado, una amistad que no conviene o una vida más cómoda en términos generales. Una tentación podría ser todo lo que potencialmente nos aleja de Dios.

…sino líbranos del mal

En la segunda parte de la sexta petición caben dos posibles traducciones: “líbranos del mal” o “líbranos del malo”. El mal no existe – según la Biblia – como algo abstracto, sino siempre como algo concreto: pensamientos, actos y corazones de personas que se rebelan contra Dios y su voluntad. Y aquel que lo inspira y lo promueve desde los primeros días es “el gran tentador”, Satanás. Por lo tanto, es irrelevante si aquí pensamos en malas cosas, personas o en Satanás mismo.

El pecado y todo lo que es malo se originó con la rebelión de Satanás. Todo lo que vemos, todo lo que se hace, refleja las huellas de esta rebelión contra Dios.

Con esto también podemos entender mejor la conexión entre ambos elementos de la frase “no nos metas en la tentación, sino líbranos del mal.” La tentación tiene su punto de referencia en el mal que hay dentro de nosotros. Esta es la diferencia con las tentaciones de Jesucristo. Por nuestra soberbia, nuestro espíritu rebelde y nuestra determinación a que se haga nuestra voluntad tenemos las pruebas aseguradas.

Hacemos bien en aceptar todo lo que nos viene encima como algo que sale de la providencia divina, para nuestro propio bien. En el momento que podemos decir: “Hágase tu voluntad”, la adversidad deja de ser una tentación y se convierte en fuente de fuerza y crecimiento. Pero mientras que nos amemos demasiado y sobrevaloremos nuestra importancia y nuestros “derechos”, tendremos la inclinación de darle demasiada importancia a todo lo que tiene que ver con esta vida.

Por lo tanto, hacemos bien en orar por protección, parafraseando la petición del padrenuestro: “Señor, no permitas que esté expuesto a un tiempo de prueba donde la ira del diablo se dirija contra mí. Protégeme del enemigo y líbrame de sus manos.”

Una oración así tiene todas las promesas de ser escuchada y va en línea con 1 Juan 5:18: el maligno no nos toca. Nos puede causar problemas, como a Job, Pedro y Pablo. Pero no toca lo más importante: nuestra alma. La palabra que Juan usa es exactamente la misma que en el padrenuestro. Esto le convierte a este versículo en una de las mejores explicaciones de esta petición.

El Padre celestial puede permitir pruebas en nuestra vida, pero ha prometido protegernos y ayudarnos. Lo único que tenemos que hacer es pedir ayuda. Realmente es muy fácil y eficaz: si nos enfrentamos a una prueba, lo mejor es dirigirnos al Señor para que nos libere.

A Satanás se le llama el acusador de los hermanos6 porque quiere convencernos de que Dios no nos ha perdonado. Pero nuestra culpa, obedece a una realidad objetiva, no a una impresión subjetiva. Y la realidad es: Jesús nos ha limpiado de toda maldad. Y si creemos que de nuevo sacará los trapos sucios, nos equivocamos. Nuestro pecado está sepultado en lo más profundo del mar.7 Y Dios ha puesto allí un cartel: prohibido pescar.

Tenemos que cuidarnos del maligno sin llegar a ser paranoicos. Sabemos que estamos en una lucha, pero no tenemos miedo. Al diablo le gusta aparentar más poderoso de lo que realmente es. No está en todos los sitios, no lo sabe todo y sobre todo: su poder está limitado. Una palabra es suficiente para hacerle desistir. Y esta palabra es “Jesús”. En momentos de aflicción debemos usar las mismas palabras de Jesucristo: “Vete, Satanás”8 porque ya no tiene autoridad sobre nosotros. Todo está ahora en nuestro favor. Hemos sido comprados por la sangre de Cristo y declarados justos. La salvación es nuestra y esto es para siempre.

Jesucristo nos ha librado del maligno y todos los días nos va a librar del mal que el maligno ha sembrado. Esto es el triunfo del creyente, expresado en esta simple petición.
Notas

1 Mateo 4:1

2 1 Corintios 10:13

3 2 Corintios 11:16-33

4 2 Corintios 12:7-9

5 Proverbios 30:7-9

6 Apocalipsis 12:10

7 Miqueas 7:19

8 Mateo 16


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