¿Qué es el ateísmo?

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¿Qué es el ateísmo?

A la pregunta qué es el ateísmo se podría responder que atea es la persona que no cree en Dios.

Pero no es suficiente.

Según el historiador Mati Slick, capitanes del ateísmo suelen definirlo en estos cinco puntos.

– Un ateo es alguien que cree y/o sabe que no hay Dios.

– Un ateo no tiene la creencia en Dios.

– Un ateo no ejerce ninguna fe en el concepto de Dios en todo.

– Un ateo es alguien que está libre de la opresión religiosa y del fanatismo.

– Un ateo es un libre pensador que está libre de toda religión y de las ideas de la religión.

Los párrafos anteriores han sido traducidos del inglés con poca fortuna literaria, pero mantienen las ideas de sus autores.

En su obra El ateísmo vencido, el italiano Tomaso Campanella (siglo XVI), decía que el ateo se puede explicar mejor como una persona que le falta creer en Dios de la forma como a una persona le falta creer en la existencia de un lagarto verde sentado en una mecedora en la luna; no lo considera un problema.

El materialista alemán Ludwing Feuerbach publicó en 1857 un libro que pronto se hizo famoso, titulado La esencia del cristianismo. Mantenía que el ateísmo es lo contrario del cristianismo; para el ateo, decía, el hombre no es la sombra de Dios; Dios es la sombra del hombre.

Se sabe que los ateos de la antigüedad adoraban al dios Ate, una figura de la mitología griega, contemporáneo de Zeus.

Los seguidores de Ate constituían una religión, con libros divididos a la manera de la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, los diez mandamientos, los doce apóstoles y hasta los siete pecados capitales denunciados por la Iglesia católica.

Pero a la pregunta qué es el ateísmo hay muchas más respuestas.

Para el ateísmo Dios no existe.

Para el ateísmo no existe un reino sobrenatural.

Para el ateísmo los milagros no pueden suceder.

Para el ateísmo no existe el pecado.

Para el ateísmo el universo es materialista y medible.

Para el ateísmo el ser humano no tiene alma, ni naturaleza espiritual alguna.

Para el ateísmo la persona está compuesta únicamente de átomos materiales.

Para el ateísmo Dios no creó el universo.

Para el ateísmo Dios no pudo crear al ser humano a su imagen y semejanza puesto que él no existía.

Para el ateísmo no hay cielo, ni infierno, ni existencia alguna de un más allá.

Para el ateísmo no hay vida tras la muerte; la tumba es el punto final de la existencia.

Para el ateísmo la teoría de la evolución, nuestra descendencia del chimpancé o del gorila, es un hecho científico.

Para el ateísmo el sufrimiento en el mundo prueba la inexistencia de Dios.

Para el ateísmo es inconcebible la existencia de un Dios bueno, poderoso e inmutable.

Para el ateísmo la Biblia no es la Palabra de Dios, sólo un compendio de historia del antiguo Israel.

Para el ateísmo, si fuera cierto que existe Dios debería suprimir el mal.

Para el ateísmo si existiera un Dios poderoso podría vencer definitivamente al diablo y evitar así sus ataques a las criaturas humanas.

Para el ateísmo el diablo tampoco existe.

Para el ateísmo Dios coarta la libertad del ser humano no respetando su libre albedrío.

En fin, el ateísmo niega todo lo que el cristianismo afirma.

Hay personas que abrazan el ateísmo después de sufrir un golpe doloroso del que culpar a Dios. Este fue el caso del escritor italiano de origen judío sefardí Primo Levi.

Entre 1945 y 1947 redactó sus experiencias como cautivo del régimen nazi en el campo de exterminio de Auschwitz. En sus escritos decía: “Si existe Auschwitz es que no puede haber Dios. ¿Qué sentido tiene Auschwitz si Dios existe?”.

Auschwitz no tuvo sentido alguno. Fue la mayor monstruosidad que unos hombres cometieron contra otros. Pero el holocausto no fue obra de Dios, fue obra de un loco llamado Hitler.

Un gran pensador como Primo Levi, fallecido en 1987, no podía culpar a Dios del fuego que el hombre enciende en la tierra.

Filosóficamente, el ateísmo esgrime la existencia del mal como uno de sus principales argumentos para negar a Dios. Pero el mal mismo debe ser siempre examinado a la luz de la Revelación. En los orígenes de la creación todo era bueno.

Algo grave debió acontecer cuando el mal se hizo después presente en la realidad cósmica y en la vida de los seres humanos. Según el apóstol Pablo el mal no estuvo ni está en el corazón de Dios, está en la elección del hombre y de la mujer: “No hay justo ni aún uno. No hay quien entienda.

No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles. No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno… Su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuraron para derramar sangre…

No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Romanos 3:10-18).

En estos textos Pablo alude a la culpabilidad universal y establece a que el origen del mal está en el corazón del hombre, como apuntó Jesucristo (Marcos 7:21-23), no en el de Dios.

El médico, poeta y crítico francés Georges Duhamel dice en La Biblia del ateo: “Le tengo demasiado respeto a la idea de Dios para hacerlo responsable de este mundo absurdo”.

Cierra este artículo Miguel de Unamuno, el hombre que unas veces se abrazaba a Dios y otras discutía con Él enfadado por su supuesto silencio. La cita es del Salmo 1: “Señor, Señor, ¿Por qué consientes que te nieguen los ateos?”.


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