Las cuartas elecciones israelíes acaban sin resolver la inestabilidad política en el país

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Las cuartas elecciones israelíes acaban sin resolver la inestabilidad política en el país

El futuro político de Israel sigue requiriendo de coaliciones. Es la conclusión que dejan las elecciones celebradas este martes 23 de marzo, los cuartos comicios en apenas dos años. El rompecabezas electoral insiste en dibujar una pluralidad de formaciones (hasta 13 con representación parlamentaria) que exige alianzas sólidas para evitar nuevas votaciones en los próximos meses.

No obstante, el claro ganador vuelve a ser el primer ministro Benjamin Netanyahu, que con su Likud ha obtenido 30 diputados. Además, tiene el apoyo garantizado de los Shas (9), Judaísmo Unido por la Torá (7) y los sionistas religiosos (6). “Es posible y necesario establecer un gobierno estable en Israel. Un gobierno que nuestra economía nos obliga a formar. El Estado necesita un gobierno estable. De ninguna manera debemos arrastrar a Israel a unas quintas elecciones”, ha asegurado Netanyahu en redes sociales después de conocer los resultados.

Aunque sumase también los siete diputados de Yamina, el bloque de derecha a favor de investir al primer ministro se quedaría con 59 y no alcanzaría la mayoría de 61 escaños requeridos. Sin embargo, sus oponentes tampoco suman lo suficiente. El segundo partido más votados ha sido el Yesh Atid, de Yair Lapid, con 17 asientos. Junto al resto de formaciones ‘anti-Netanyahu’, Azul y Blanco (8), el Partido Laborista (7), Israel Beitenu (7), la Lista Conjunta (6), Nueva Esperanza (6) y Meretz (6), suma un total de 57 escaños.

La llave está en manos de la Lista Árabe Unida

Lapid ha asegurado que ha comenzado “a tener conversaciones con algunos líderes del ‘bloque del cambio’” y ha señalado que “se está haciendo todo lo posible para formar un gobierno sano”. El líder de Yesh Atid se va a reunir con la candidata laborista Merav Michaeli, quien ya se ha reunido con Gideon Sa’ar, de Nueva Esperanza. “Busco conformar de cualquier manera un gobierno del cambio”, ha señalado Michaeli.

Desde el Likud han calificado al bloque contra Netanyahu de “antidemocrático” y han afirmado que “el único cambio que realmente quieren es implementar leyes que existen solo en Irán para descartar candidatos y cancelar la elección de un millón de ciudadanos”.

En realidad, la llave del desacuerdo la tiene el partido Ra’am, la Lista Árabe Unida, que ha sido una de las sorpresas de los comicios entrando en el Knéset con cuatro diputados, que ahora se han convertido en los más codiciados de ambos bloques. Parece que el bloque que lo tendría más complicado es el de Netanyahu, con miembros de otras formaciones que les son imprescindibles para sumar, como el Partido Religioso Sionista, declarando que pactar con Ra’am “no es una opción real” porque, dicen, comprometería decisiones del gobierno contra Gaza.

El líder de la Lista Árabe Unida, el islamista Mansour Abbas, sin embargo, no ha descartado ninguna opción. “Muchas veces, los partidos árabes forman parte de la izquierda automáticamente sin considerar cuestiones clave. Este acercamiento es erróneo y necesitamos reposicionarnos hacia todo el espectro político israelí, y no solo hacia un lado”, ha apuntado Abbas.

En las próximas semanas se concretará la capacidad o no de alcanzar acuerdos en un parlamento muy fragmentado. En el caso negativo, el país se encamina a sus quintas elecciones generales en poco más de dos años.


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