Seudoembriones: ¿está el hombre jugando a ser Dios?

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Seudoembriones: ¿está el hombre jugando a ser Dios?

Un equipo de la Universidad de Monash, en Australia, liderados por el investigador bioquímico José Polo, han conseguido crear un modelo artificial de embrión humano por primera vez en la historia. El embrión de laboratorio abre puertas a la investigación sobre los primeros pasos en el desarrollo de la vida humana, la comprensión de los defectos del desarrollo temprano y la elaboración de terapias de reproducción asistida.

El estudio ha sido publicado en Nature y generado una amplia repercusión no solo en el ámbito científico sino también en la prensa generalista de todo el mundo. Varios reportajes han señalado que la ciencia se acerca a la comprensión del inicio de la vida humana, hasta el punto de fabricar un modelo artificial de los primeros pasos de la vida.

Utilidad

“Lo que hemos hecho es crear un modelo de blastocisto a partir de células de la piel humana reprogramadas a células madre pluripotentes inducidas (IPS)”, explicaba en una entrevista concedida a El Independiente el investigador José Polo.

Los investigadores descubrieron que estos modelos forman una estructura que se asemeja a la morfología del blastocisto humano y son capaces de dar lugar a células madre pluripotentes. También fueron capaces de simular varios aspectos de la fase inicial de implantación. “Nuestros datos demuestran que los iBlastoides representan un sistema modelo accesible, escalable y manejable que será valioso para muchas aplicaciones en la investigación básica y los enfoques traslacionales. Permitirá realizar estudios de enfermedades tempranas del desarrollo y cribado de tratamientos, y posee un enorme potencial para entender la infertilidad y la pérdida temprana del embarazo”, afirman.

Eso, sí, los autores puntualizan que no deben considerarse un equivalente a los blastocistos humanos. “Es importante destacar que los modelos de blastoides no pueden recapitular lo que desconocemos sobre el desarrollo preimplantacional humano”, explica Teresa Rayon, científica del Instituto Francis Crick. “La implantación en blastoides puede ayudar a generar hipótesis que deberán ser validadas en embriones humanos, pero no sustituirán la necesidad de utilizar embriones de preimplantación para resolver algunas de las incógnitas”.

Consultado por Protestante Digital, el doctor en Biología Antonio Cruz explicó la importancia de la investigación y sus implicaciones éticas.

Cruz explica cuál es el proceso natural de las células embrionarias. “Pueden ser de tres clases: totipotentes, capaces de originar a un bebé completo; pluripotentes, pueden producir cualquiera de los tejidos humanos (muscular, epitelial, óseo, etc.) pero no a todo el individuo completo; y multipotentes, las que solamente crean células de un tipo de tejido determinado”.

En este caso, los investigadores han logrado reprogramar células ya desarrolladas. “Han convertido células ya diferenciadas de tejido epidérmico (piel) en células pluripotentes capaces de dar lugar a cualquier otro tipo de tejido humano” de ahí que se les pueda considerar “seudoembriones”.

“No se pueden considerar embriones humanos ya que no son el producto de la unión de óvulos femeninos con espermatozoides masculinos”, afirma Antonio Cruz.

La complejidad de la vida

En el desarrollo de la investigación, se colocaron estas células reprogramadas juntas en recipientes adecuados, y se descubrió que empezaron a interactuar entre ellas. “Dicha interactuación refleja la compleja capacidad de comunicación con el exterior que poseen las células vivas”, comenta Antonio Cruz.

El proceso natural de la célula embrionaria es crecer y multiplicarse “hasta formar en 5 ó 6 días el llamado blastocisto constituido por unas 240 células aproximadamente. El blastocisto es el origen del embrión que empezará a desarrollarse hasta formar alrededor de los 37 billones de células distintas que tiene un bebé recién nacido”, explica Cruz.

Sin embargo, en estos experimentos “no se formó un blastocisto, capaz de dar lugar a un embrión y a un individuo adulto, sino un “blastoide” (tal como lo llaman los investigadores) incapaz de convertirse en embrión ya que carece de ciertas estructuras celulares, como la llamada “zona pelúcida” o capa que envuelve al ovocito de los mamíferos”.

Por eso, no se trata de un embrión, sino que el nombre de “seudoembrión” es mucho más preciso, dado que este sería “incapaz de convertirse en un bebé”. “No obstante, dicho seudoembrión puede resultar útil para estudiar los procesos incipientes del desarrollo embrionario y eventualmente descubrir cómo curar determinadas anomalías congénitas, así como diversas causas de esterilidad”, afirma Antonio Cruz.

Aspectos éticos

Al trabajar con materia humana, es necesario hacerse preguntas con respecto a los aspectos éticos que incumben tanto el proceso de investigación como los resultados o las posibilidades que se puedan abrir en el futuro a partir de los avances conseguidos.

Para Antonio Cruz, inicialmente no hay un conflicto ético porque “no se trata de embriones artificiales, ni de clones humanos, ya que tales estructuras -según reconocen los propios autores del estudio- no pueden originar embriones viables que se transformen en bebés. Tales blastoides se deshacen y autodestruyen al cabo de pocos días”.

En cuanto al estatus legal de estos seudoembriones, siguiendo la misma lógica, Antonio Cruz opiina que no pueden tener la protección de un embrión humano real “puesto que no son el producto de la unión entre un ovocito y un espermatozoide, sino modelos biológicos reprogramados a partir de células de la piel procedentes de un único individuo humano adulto, no de dos”.

En definitiva no existe un problema en usar estos blastoides y los seudoembriones para la investigación. Incluso “podrían constituir buenos sustitutos de los embriones humanos reales sin los evidentes problemas éticos que plantean éstos últimos. No es lo mismo manipular un embrión humano que una célula de la piel”.

Pero sí advierte Antonio Cruz que es importante que la sociedad atienda al desarrollo de estas técnicas y sus implicaciones. “Se tendrá que legislar al respecto para limitar la posibilidad de que pudieran ser usados para otros fines. Desde luego, hoy no es posible fabricar adultos a la carta mediante dichas técnicas pero quién sabe si se podrá hacer en el futuro”.


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