Yihadismo, el reto de la tolerancia en Europa y la duda de su capacidad de integración

0
62

Francia ha abierto la caja de pandora de la coexistencia entre la libertad de culto y los principios del laicismo con una ley que la Asamblea Nacional comenzará a debatir en enero de 2021 y que, lejos de definir la cuestión dentro de la frontera gala, se perfila como un documento que podría marcar la línea de acción de otros estados miembros de la Unión Europea.

El texto, que el primer ministro Jean Castex ha definido como de “emancipación ante el fundamentalismo religioso”, busca “garantizar el libre ejercicio del culto” y el “respeto de los principios republicanos”, según ha explicado el ejecutivo elíseo. Entre otras cosas, la ley obliga a los empleados de empresas subcontratadas por el sector público a no manifestar su afiliación religiosa (llevando velo, por ejemplo). También contempla que las entidades que quieran beneficiarse de una subvención tengan que firmar un documento sobre igualdad de género y comprometiéndose a respetar los “valores republicanos”, penaliza los certificados de virginidad y anuncia un refuerzo de los controles para impedir matrimonios forzados y la poligamia, entre otras cuestiones.

No es casualidad que sea Francia quien plantee una nueva etapa en el enésimo capítulo del debate sobre la respuesta al yihadismo en el continente. De las 436 personas que fueron detenidas a lo largo de 2019 en la Unión Europea por vínculos con el terrorismo yihadista, 202 fueron capturadas en Francia, el país con más arrestos de este tipo según el informe de 2020 sobre la situación del terrorismo de la Europol. De hecho, el documento también refleja que el territorio galo también es el lugar donde se registraron más ataques y tentativas frustradas de atentado yihadista en 2019, con siete en total.

Un debate complejo para un escenario conocido

La decapitación de Samuel Paty, un profesor de educación secundaria que trabajaba cerca de Paris, por mostrar en una clase una caricatura de Mahoma, volvió a reactivar la retórica dura. El presidente de la república, Emmanuel Macron, compareció y anunció el compromiso de combatir el “separatismo islámico”. Días después, cuatro personas perdían la vida en un atentado, también de reivindicación yihadista, en Viena. El canciller de Austria, Sebastian Kurz, aparecía de urgencia ante los medios de comunicación para asegurar que se enfrentarían al “islam político” y que “no mostrarían ninguna falsa tolerancia”. Pero, a pesar de los hechos detonantes, el escenario no es nuevo.

Entre 2017 y 2019 la Europol ha contabilizado 78 ataques o intentos de ataque yihadista en la Unión Europea. Además, según su informe, la vinculación con el terrorismo yihadista es la que ha provocado más detenciones en el territorio entre 2015 y 2019, con hasta 3.057 arrestos. “En 2019, cerca del 60% de los atacantes yihadistas tenían la nacionalidad del país donde se produjo el ataque”, explican desde la Europol. “Cerca del 70% de los terroristas eran jóvenes adultos, con edades entre los 20 y los 28 años, y el 85% eran hombres”, añaden.

Es normal, dicen desde el Consejo Nacional de Evangélicos Franceses (CNEF, por sus siglas en francés), que Macron promueva un endurecimiento de la vigilancia porque “el riesgo de un ataque es importante”. Sin embargo, consideran que, aunque “la adopción de medios adicionales de información y control” pueda ser necesaria en algunos casos, “es inconcebible que para eliminar a una minoría activa en una sola religión, se impongan a todas las demás religiones restricciones en nombre de la igualdad de trato”.

“El extremismo, sea político o religioso, tienen unas consecuencias muy graves. Hoy estamos hablando de extremismo religioso y algunos aprovechan esto para generalizar el riesgo a todas las religiones”, advierte Clément Diedrichs, director general del CNEF.

Endurecimiento del discurso

Aunque algunos países de la Unión Europea ya han adoptado medidas más estrictas contra el islamismo radical, como la prohibición de que las mezquitas reciban financiación exterior, los últimos ataques de reivindicación yihadista en Francia y Austria han vuelto a endurecer el discurso. Y por ambas partes. Las declaraciones de Macron y Kurz a favor de combatir el “separatismo islámico” y el “islam político” han provocado toda una ola de manifestaciones en países donde la mayoría de la población es musulmana, pidiendo el boicot a los productos franceses e increpando al presidente elíseo. Además, la justicia francesa acaba de condenar a a dos de los cómplices del atentado contra la revista satírica Charlie Hebdo a 30 años de prisión cada uno, y a un tercero a cadena perpetua.

Según el Observatorio Internacional de Estudios sobre el Terrorismo, las víctimas mortales de ataques yihadistas en Europa representaban el 0,2% del total global, con las dos grandes mayorías concentrándose en las regiones del centro y el sur de Asia (39,7%) y del África Subsahariana (39,20%). “El gran error de Europa es la fallida integración de los musulmanes en las sociedades europeas”, dice el director de la Red Global de Paz y Reconciliación de la Alianza Evangélica Mundial (WEAPRN, por sus siglas en inglés), Johannes Reimer.

Para Reimer, “la mayoría de europeos desean que los musulmanes se vayan de Europa, lo que parece imposible”. “Hay mucha resistencia por parte de muchos, especialmente de los evangélicos, para iniciar una conversación con musulmanes. Al mismo tiempo, muchos de ellos están cansados el radicalismo. Nunca antes había habido tanto interés por diálogo interreligioso. Y nunca antes había visto a tanto musulmanes convertirse a la fe en Jesús”, añade.

Un problema que necesita tratamiento religioso y político

La situación, dice Reimer, se traduce en una serie de retos que deben ser abordados desde la perspectiva de interacción entre las comunidades religiosas y no solo desde al ámbito político. “Esta es una oportunidad histórica para la iglesia de Cristo en Europa. Y también para los gobiernos. Espero que la acepten porque, si no, el islamismo radical reclutará a más y más seguidores”, señala.

De hecho, según la Europol, “los medios extremistas en Europa, tanto las redes físicas como las comunidades online, proveen espacios para las actividades sociales y religiosas en las que los individuos pueden radicalizarse”.

En el caso de la realidad francesa como paradigma del yihadismo en Europa, al menos en la región occidental, desde el CNEF reivindican a las autoridades que se les tenga en cuenta como activo para abordar el problema. “Las comunidades evangélicas están ubicadas en en muchos casos en barrios desfavorecidos. Y allí aportan, según han dicho cargos electos, un beneficio social a través de sus actividades y su capacidad para acoger a todos. Además, somos fervientes partidarios del laicismo, que permite la existencia de todas las religiones en nuestro país”, remarca Diedrichs.

Desde el CNEF no se olvidan de que el principal impacto del terrorismo yihadista se produce lejos de las fronteras europeas, y señalan que “muchos hermanos y hermanas cristianos en otros países nos muestran el camino” para mantener la calma ante la situación. “Cristo llamó a su iglesia a dar testimonio de su evangelio independientemente de la situación, y ha prometido acompañarla”, apunta Diedrichs.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí